Crónicas Germanas. Cap 1 “¿Dónde quedó mi verano?… Siempre no”

Cuando Mitrani me dijo que su estancia en Berlín duraría 2 meses, en lugar de 1, y vimos la posibilidad de que yo lo acompañara fue algo totalmente sorpresivo. Siempre hemos tenido esta alma nómada, que nos impulsa a movernos de lugar cada cierto tiempo; es como si no supiéramos quedarnos quietos en un solo lugar, aunque sí resulta imprescindible para nosotros tener un hogar al cual volver, y de momento ese hogar se encuentra en la Ciudad de México.

Hacía 2 años que no emprendíamos una aventura de este tipo y todo sucedió muy rápido: la compra de los boletos de avión, la búsqueda de departamento, su examen de titulación que resumió 4 años de trabajo, mi graduación de un proyecto que marcó un antes y un después en mi desarrollo personal. Ambos cerrábamos ciclos importantes para cada uno, por lo que la ida a Berlín representaría un excelente comienzo de una nueva etapa.

 

 

El arribo a Berlín

Nunca había estado en Berlín, por lo que busqué previamente algo de información en internet: frío, normalmente es muy frío, salvo en verano, cuando las temperaturas ascienden a 27 grados, que para mí YA ES MUY CALIENTE (lo sé, soy una exagerada pero en verdad ¡me derrito!).

Así, dejé mi abrigo en casa y me fui con una maleta mediana llena de ropa ligera, y dos prendas para clima templado. Pero apenas aterricé en Berlín ¡y estaba lloviendo!, ¡con vientos fríos! Estuvo así por dos días e inmediatamente pensé “¿Dónde quedó mi verano?”. Una pequeña bromita de iniciación, porque el primer fin de semana me llegó el golpe de calor mientras paseábamos por Potsdam.

 

 

El verano berlinés

Es muy gracioso ver cómo los berlineses se toman el verano con tanta seriedad (es toda una cultura), y es que seguramente debe de ser la única época del año en la cual pueden disfrutar del sol… ¡y vaya que son como las iguanas!, apenas se despejan las nubes salen a disfrutar el exterior, y no tienen ningún reparo en mostrar su piel. Es todo un espectáculo verlos “tomando el sol” en el parque de la colonia, vacacionando en los lagos y preparando su carne a modo de picnic en sus pequeños asadores portátiles.

Los domingos el parque del vecindario se llena de puestos de comida china y vietnamita, ¡es como un tianguis! Y aquí encontramos los postres de ajonjolí que tanto nos gustan.

Toda la ciudad se envuelve en festivales y eventos al aire libre, y es muy común que los restaurantes saquen su mobiliario a la calle, así tal cual, en plena banqueta, donde la gente come y se relaja con una cerveza, ¡que aquí se toma como si fuera agua!

Hay música en la calle y diversos foodtrucks con comida de distintos países. La famosa salchicha alemana currywurst no me decepcionó, y los helados italianos se encuentran a la orden del día con este calorcito, junto con los puestos de fresas de temporada.

 

A pesar de ser una ciudad capital, he de decir que no hay tráfico. La gente aprovecha el clima para desplazarse en bicicleta, y el metro es una excelente opción. Ya aprovecharé otra entrada para hablar exclusivamente de su sistema de transporte público, que es increíble.

El verano en Berlín se parece bastante a un niño caprichoso: hace calor, frío y llueve cuando se le da su real gana. Así que es todo un arte aprender a descifrar su estado de ánimo desde el balcón del departamento… claro está que ya me tocó desatinarle y dejar el paraguas en casa una tarde que nos refugiamos bajo un puente. ¡Parecía una fiesta! Toda la gente platicando, bebiendo (aquí todos beben en la calle, ¡y hasta en el metro!) y esperando bajo el puente a que bajara la lluvia.

Lo que sí es que de momento no me puedo quejar de la falta de verano, porque cada día hace tanto calor que seguido dormimos con la ventana abierta… y en la cocina me toca pelearme con las avispas que se meten apenas ven una oportunidad. Una vez más aprendo esa maravillosa lección de “cuidado con lo que deseas, porque se te concede”, así que ¡más me vale ser más específica para la próxima!

#MoccataInGermany #CrónicasGermanas

 

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2 comentarios en “Crónicas Germanas. Cap 1 “¿Dónde quedó mi verano?… Siempre no”

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