A un mes del sismo… adiós a la Mónica que se fue aquel día

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Hoy cumples un mes de tu nueva vida, felicidades. Besos, te quiero

Este sabio mensaje lo recibí hoy por la mañana de parte de mi papá. Al principio no entendí muy bien de qué hablaba, hasta que comprendí que se refería al sismo del 19 de Septiembre en la Ciudad de México… “ah, claro… tiene mucho sentido”, pensé.

A un  mes del sismo mi mundo interno no ha dejado de sacudirse. Estuvo duro, estuvo bastante duro, y ha requerido mucho trabajo personal y el apoyo de mis seres queridos el ir recuperando mi paz mental y mi plenitud. Por momentos me siento como un animalito salvaje, que se encuentra en todo momento en estado de alerta, atenta siempre ante cualquier movimiento. Menos mal que tengo varios péndulos colgados en el departamento que me ayudan a percatarme cuando, en realidad, soy yo la que se mueve y no la tierra.

Más allá del miedo que sentí en ese instante, cuando salí corriendo de casa y las escaleras se movieron bruscamente, cuando escuché el edificio de unas cuadras ceder ante el impacto y aplastar el primer piso, el concreto rugir, los vidrios estrellarse… pensando que mi edificio era el siguiente en caer conmigo adentro… Más allá del miedo, no a morir, sino a quedarme atrapada y sufrir, fue todo aquello que el sismo sacó a relucir en mí, todas aquellas partes que estaban enterradas y que salieron a la luz sin previo aviso y violentamente.

Es verdad que algo tiene que morir para que algo nuevo nazca. Unos días antes del sismo hablaba justo de este tema, pero ¡vaya manera de poner a prueba mis palabras! De:

Walk the talk…

… como dicen los gringos, es decir, “predicar con el ejemplo”.

Realmente siento que ese día una parte de mí murió (quizá para no regresar); se quedó enterrada bajo los remanentes de los edificios caídos, mientras que otra parte de mí resurgió. Ahora toca escarbar entre mis escombros y trabajar con lo que quedó, con lo que nació. Aceptar lo que fue, lo que no fue y lo que es.

Un sentimiento de culpa por sobrevivir y “estar bien” es inevitable, ¡por no haber perdido nada!, y por tratar de llevar una vida normal después del suceso. Mis seres amados están bien, mi hogar está bien, yo estoy bien. Caray, ¡ni siquiera la televisión perdí! Muchas cosas se cayeron en mi departamento, pero no tuve ninguna pérdida material importante. Todo fue interno. Culpa por no hacer más, por no dar más, por no sacrificar lo suficiente. Culpa por sentir angustia y dolor, aun cuando “mi experiencia no fue tan terrible como lo fue para otras personas”… pero para mí fue espantosa. No caí en pánico, supe accionar rápido y tomar decisiones… pero igual, la experiencia fue aterradora.

Dos semanas después del sismo,  mientras regresaba de Guadalajara de unos días de ausencia,  escribí este mantra desde el taxi que me llevaba a casa:

A la Ciudad de México: te perdono por asustarme, después de que tomé la decisión consciente de amarte. Me perdono por no darte lo mejor de mí. – Mónica

Es verdad que algo tiene que morir para que algo nuevo nazca. Hace varios meses dejé morir la planta de una maceta que siempre estuvo en el balcón. Fue un regalo, y confieso que se murió porque simplemente olvidé darle los cuidados que necesitaba. Nunca cambié la tierra de la maceta, sólo la dejé ahí, en el balcón, mientras las hierbas salvajes se apoderaban de ella. Después del sismo noté la visita de varios pajaritos que todos los días se asomaban al interior de la maceta para comer. Sí, la planta original tuvo que morir para que naciera una nueva vida, y sin esa muerte yo no tendría la visita diaria de los pajaritos, a los que ahora les pongo alpiste. Mientras trabajo todos los días en mi computadora, giro de pronto la vista hacia la ventana y los veo saltando por el balcón… es una vista agradable que me trae calma.

SM Blog Moccata

Es verdad que algo tiene que morir para que algo nuevo nazca. Siguiendo el consejo de una querida amiga, no me pregunto ¿por qué me sucedió?, sino ¿para qué? ¿Qué lección debo aprender? ¿Qué necesito recordar? ¿Qué debo dejar morir?

Así que adiós a la parte de mí que se fue aquél día, bienvenida la parte de mí que surgió. Vamos pues, juntas, construyendo y reconstruyendo… como dice Clarissa Pinkola:

cantando sobre mis huesos.

La Moccata

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3 comentarios en “A un mes del sismo… adiós a la Mónica que se fue aquel día

  1. Muy bekllos pensamientos. Una reflexión muy importante.Me sigue admirando que tengas tanta sabiduría dentro de tu juventud, una sabiduría que muchísimas personas, sin importar la edad que tengamos, no alcanzaremos nunca. Besos. 

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