Ejercicio 1 – “Temporada de caza: El hambre por crear”

Ejercicio1

Está ahí nuevamente, lo sé, lo siento, ha vuelto. El anhelo por ese algo más que no sé del todo cómo describir pero que se siente con fuerza. Esa hambre por crear de manera constante, no sólo de vez en cuando, no sólo cuando tenga tiempo, no sólo cuando el trabajo lo permita, sino cada que el alma lo necesite, de manera fluida, y de ser posible, incluso cada día.

Me encuentro en ese estado similar al que se experimenta unos minutos antes de que uno decide salir de la cama por la mañana: medio dormida, medio despierta; con los ojos semiabiertos, quizá con algo de ganas de quedarme un ratito más en esa comodidad envuelta en las sábanas, teniendo un monólogo en mi cabeza sobre la enorme (o no tan enorme) lista de pendientes por completar en el día.

Me encuentro en ese estado en el que sé muy bien lo que me toca hacer para seguir ese anhelo por crear, por escribir, por tejer historias… pero no tengo muy claro cómo empezar. Mi energía masculina me pide un manual, mientras la femenina me invita a dejarme sentir, soltar el control y fluir.

Quizá sólo me haga falta un fuerte empuje para salir de esa cama de un brinco, sin caer estrepitosamente y rodar por el suelo. Aunque de vez en cuando es necesario estrellarme, con o sin gracia.

Cada cierto tiempo experimento esta hambre, por lo general, cuando el trabajo me ha envuelto de tal manera que me siento muy cansada, o cuando pierdo la claridad respecto a qué camino tomar en el frondoso bosque de posibilidades. Como las mareas, que suben y bajan; como la naturaleza y sus estaciones; como mi naturaleza cíclica que de pronto me lleva al mundo exterior, para luego invitarme de nuevo a ir hacia adentro, así de pronto esta hambre regresa. Y como lo señala Clarissa Pinkola y lo he expresado en más de una ocasión, cuando tengo hambre «como lo que sea». Como procrastinación o exceso de trabajo, como ira o nostalgia, como demasiado enfoque o demasiada ensoñación, como distracciones perennes y excusas. Y en este momento de mi vida, en este incesante desvarío me queda claro una cosa: la loba dentro de mí, «con su enorme y peluda cola salvaje», tiene hambre.

Comienza oficialmente la temporada de caza.

La Moccata

Ejercicio 1 del  Taller Virtual DEMAC Talladoras de palabras

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