Ejercicio 4, Parte 3: “Las cómplices y la manada”

Ejercicio4.3

Las cómplices de la manada de varias vidas

La intuición nunca se equivoca

Esta frase la comenta Bere cuando ha descubierto, una vez más, que la voz de sus entrañas está en lo correcto. Conocí a Bere cuando ambas teníamos 11 años. Jamás olvidaré cómo fue la única niña que me miró sonriendo en el salón de clases cuando llegué a mediados del ciclo escolar. Tenía una carita de porcelana, la más blanca que yo había visto, el cabello largo y recogido en una liga de colores y unos lentes por los que apenas se alcanzaban a vislumbrar unos pequeños ojos jalados. Naturalmente, nos hicimos amigas. Cursamos juntas el resto de la primaria, la secundaria y la preparatoria. Y como sucede a menudo entre los jóvenes, hubo una época en la que nos distanciamos un poco, para reencontrarnos más adelante. Cuando llegué a la Ciudad de México ella fue mi cómplice y mi maestra, mostrándome cómo hay que moverse en esta selva urbana y cómo una puede aprender a disfrutar esta ciudad policromática y demandante. “Ya es toda una chilanga”, recuerdo que pensé alguna vez, lo digo con todo el cariño y respeto a los lectores procedentes de esta ciudad.

Bere y yo compartimos muchas aficiones: tenemos un gusto culposo por Japón y su cultura, y cuando mi esposo sale de viaje las dos nos encerramos con todo y su gata a ver series orientales y comer comida chatarra. Es un permiso que nos damos para practicar la “procrastinación productiva”, o como ella dice, il dolce far niente (no hacer nada).

Siempre estaré muy agradecida con Bere porque fue ella quien me motivó a certificarme como Moon Mother con la maestra Miranda Gray. Llevaba años con la inquietud y muchas excusas, hasta que ella decidió hacerlo y la fortuna o las causalidades permitieron que yo tuviera la oportunidad de participar en el mismo curso con ella. Desde entonces, hemos estado recorriendo ese camino juntas, y próximamente obtendremos nuestra certificación nivel 3 para seguir avanzando y ofreciendo nuestra medicina en eventos a los que llegan mujeres de todas diversas edades e historias.

Escuchar hablar a Bere siempre es una delicia, pues tiene la sabiduría de una abuela curandera en la piel de una niña, que sigue siendo tan blanca como la primera vez que la vi. En verdad, es una brujota.

Alguna vez empezamos a ver juntas la serie de «Grace and Frankie», sobre dos mujeres que se vuelven amigas en su vejez. Yo sé que en algún momento la vida nos llevará por caminos distintos y entonces, como dice una de las protagonistas de la serie, “se irá mi Frankie”. No me queda duda de que volveremos a coincidir.

 

Deposito mi confianza, amor y compasión en todos los seres, y la intensión en quien lea y se quede con este regalito de que también lo haga.

Esta dedicatoria se puede leer en un cuaderno de Snoopy que me dio mi querida Gaby. Fue un regalo que recibí en un retiro de mujeres en el que ninguna de las dos sabíamos que yo sería la destinataria, pero nos resultó bastante obvio cuando lo descubrimos.

Gaby y yo nos conocimos por mi esposo, ellos estudiaron juntos en la universidad y al principio era sólo eso, su amiga. Quizá nunca nos imaginamos que ambas nos volveríamos tan cercanas. Cuando las dos nos dedicamos un día completo cada que visito Ensenada mi esposo siempre me dice, con algo de celos, que me robé a su amiga, aunque los dos se tienen muchísimo cariño y siguen siendo confidentes.

No es que las dos nos frecuentemos mucho, de pronto pasan meses sin que una sepa de la otra pero sabemos que tenemos una conexión muy especial, nos pensamos a la distancia y basta un reencuentro planeado para ponernos al corriente con todas nuestras aventuras y lecciones de vida.

@parazitte, Giphy

 

Me ha tocado verla atravesar duros procesos, y ha sido increíble ser testigo de su transformación. Emprendió el camino del Budismo y se ha convertido en una mujer sabia, segura y poderosa. Hablar con ella siempre me deja una enseñanza valiosa y una lección de cómo podemos trabajar para ser nuestra mejor versión.

 

Cuando dudo, me pregunto a mí misma ¿qué haría una mujer que se ama profundamente?

Este mantra lo repite Ofe cada que se presenta la ocasión, y es uno de los mayores (y tantos) aprendizajes que he obtenido de ella. ¿Cómo puedo comenzar a describir a Ofelia? Sé que tengo cómplices que me han acompañado en otras vidas, pero Ofe y yo tenemos la plena consciencia de que hemos recorrido muchas, muchísimas, y en cada una hemos compartido una misión particular. En esta vida tuvimos la dicha de coincidir un año en la preparatoria. Teníamos 16 años entonces y en aquella época yo era bastante cerrada y fría. Tenía muchas amistades, pera parecía que había que traspasar alguna muralla invisible para llegar a mí. Entonces conocí a esta chica, amorosa y cálida, que siempre estaba confiando en los demás, amando y compartiendo sabiduría. Recuerdo que me puso a entrenamiento para aceptar abrazos y mimos, y yo no estaba para nada acostumbrada, pero ello rompió varios de los bloques de aquella muralla. Después, cada quien siguió su camino. De pronto el grupo de amigos sabíamos de ella porque se hacía presente en distintas etapas de nuestras vidas, siempre estaba moviéndose de una ciudad a otra con su madre, empezando de nuevo y luego viajando con su pareja o por su cuenta, abriéndose paso por la vida. Alguna vez supimos que se había ido de hippie a vivir de la joyería que hacía y vendía en la calle, anduvo con un músico errante, se adentró en el desierto, fue ermitaña por un tiempo y en una ocasión me sorprendió a sobremanera cuando la vi rapada, despojada de sus bellos rizos, producto de su herencia africana. Terminó viviendo en Los Cabos donde ahora radica con su esposo, se encontraron mutuamente y son una de las parejas más bonitas que conozco.

Y en ese ir y venir por la vida retomamos contacto en el 2010. Fue ella quien me introdujo al libro de «Mujeres que corren con los lobos», de Clarissa Pinkola Estés, y de conceptos innovadores como “Mujer Salvaje”, “Sagrado Femenino” y la “revolución pacífica” de los círculos de mujeres. Todo eso, en conjunto, marcó un antes y un después en mi vida.

@WonderlustHfx, Giphy

 

Entre todo lo que hemos compartido, lo más significativo fue el hijo que creamos juntas, el proyecto de Mujeres Medicina desde el cual plantamos nuestras semillas para cumplir con una parte de nuestra misión (individual y colectiva), en la búsqueda por traer más armonía y belleza al mundo. Puede parecer ambicioso, y quizá hasta arrogante, pero este es nuestro granito de arena y lo hemos construido y expandido juntas. Nos hemos ido impulsando, llevándonos de la mano, y formamos un gran equipo porque admiramos y respetamos el trabajo de cada una y porque las flaquezas de una se complementan con las fortalezas de la otra. Cuando a una “le da miedo saltar, la otra le inspira valor; cuando una vuela demasiado, la otra la trae de vuelta a la tierra”.

Todavía nos queda un largo camino por recorrer, no vamos ni en la cuarta década de esta vida, así que seguramente continuaremos avanzando y aprendiendo. Ofe me enseñó lo que era una mujer medicina y una mujer salvaje, y cómo podía simplemente recordar a las que llevo en mi interior. No sé si en nuestra próxima vida volveremos a coincidir, pero al menos en lo que nos resta de esta nos esforzaremos por hacer lo mejor que podamos. Lo haremos como siempre lo hemos hecho, honrando el camino de cada una, pues como se suele decir en los círculos de mujeres:

La diosa en mí reconoce a la diosa en ti.

 

La manada

Hay muchas otras mujeres que considero grandes maestras, hermanas del alma que la vida me ha regalado. El grupo de amigas de la adolescencia que nos hacemos llamar “las uvitas” (unión de viejas argüenderas) que nos conocemos desde chicas y que hemos crecido juntas. He aprendido tanto de cada una de ellas. Ari, con su valor para decir las cosas incómodas pero necesarias y su impresionante ejemplo de madre trabajadora que no sólo es capaz de llevar una profesión y vida familiar de manera equilibrada, sino que se las arregla para verse siempre espectacular (no sé cómo lo logra); Merry, con su hermosa metamorfosis que la ha llevado a ser una mujer plena, venciendo sus propias paradigmas y emprendiendo ahora su viaje hacia la maternidad (quizá no lo sabe, pero su historia de vida es la que más me ha inspirado a irle perdiendo el miedo a ser madre); Lupita, mi querida testigo de boda, quien cada día me sorprende por su compromiso con sus hijos y su inmensa sabiduría, ¿quién hubiera pensado que la chica más alocada del grupo iba a ser la más dedicada a su familia? Siempre ha sido una amiga en quien puedo confiar y que me dice las cosas que necesito escuchar; Miriam, con su historia de cuento de hadas que la llevó por distintos sapos verdes hasta que construyó la familia que tanto deseaba, y es ahora una madre y esposa maravillosa capaz de abrirse paso por la vida en otro país; y mi tierna Cinthya, con sus ocurrencias que a veces me tiran hacia atrás como el personaje de Condorito, pero que con mucha frecuencia me hace reír por su inocencia que espero jamás pierda, pese a las dificultades a las que se ha tenido que enfrentar y las situaciones que ha trascendido buscando ser cada día una mejor versión de sí misma. Todas y cada una son mujeres exitosas y  me siento profundamente orgullosa de ellas y agradecidas por su presencia.

Mi roomie María con quien compartí mis años de universidad y de quien aprendí muchísimo sobre cómo vivir y experimentar la juventud fuera de la educación tradicionalista que me había rodeado hasta entonces.

Las “tejedoras de sueños” que decidieron confiar y perseguir un ideal en equipo, y aprendimos juntas a soltar cuando era necesario.

Las Moon Sisthers, con quienes comparto el trabajo de la Moon Mother y la belleza de ayudar a las personas a reconectar son su Sagrado Femenino, adentradas en la magia de las carpas rojas y otros espacios maravillosos.

Las mujeres de los círculos y retiros que acuden al llamado y quienes me han dado tanto a través de su compartir y su retroalimentación, fortaleciendo en mí el deseo por seguir recorriendo el camino de la mujer medicina.

Los amigos varones que me han enseñado el valor del sagrado masculino y su apoyo incondicional.

Y todas aquellas personas que me han compartido su amistad, por las que me siento  muy bendecida.

 

@juxtapozmag, Giphy

Nos vemos en unos días en la parte 4 y final de este ejercicio, con mi gran maestro, mi compañero de vida.

Con amor,

Mónica Elena Cárdenas Mejía (La Moccata)

2 comentarios en “Ejercicio 4, Parte 3: “Las cómplices y la manada”

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