Ejercicio 4, Parte final: “El compañero de vida”

Ejercicio4.4

—¡¿Cómo sabes que la manzana es tu fruta favorita si no has probado otras frutas?! —Le dije desesperada, a lo que él me contestó—: Si saber a qué saben otras frutas significa que tengo que dejar la manzana, no me interesa…

Esta fue la respuesta que me dio mi esposo el día que intenté dar un golpe de estado a nuestra relación. Tienen que entender una cosa, en ambos lados de mi linaje ha habido divorcios e infidelidades, por tanto, yo esperaba que tarde o temprano la maldición familiar me alcanzara a mí también. Afortunadamente, me tocó un compañero lo suficientemente maduro como para evitar que saliera corriendo por miedo, cuando en lo profundo de mi alma anhelaba permanecer a su lado.

Mitrani y yo nos conocimos cuando teníamos 15 años, era un chico alto y flaco, encorvado, guapo, muy guapo y con una voz tímida que apenas alcanzaba a entender. No fue amor a primera vista, aunque quizá eso hubiera sido más romántico. De hecho, en esos años yo estaba leyendo «El Padrino» y estaba tan entusiasmada con la historia que terminé declarando que yo iba a terminar con un italiano, y al ser Mitrani de ascendencia italiana nuestra amiga Ariadna (quien más adelante se convirtió en nuestra cupido) bromeó que él estaba disponible a lo que yo contesté arrogantemente que sería el último con quien iba a terminar… mira nada más que bien me tragué mis palabras. Eventualmente nos gustamos y empezamos a salir.

Recuerdo que la primera vez que mi mamá fue a casa de Mitrani mi suegro le preguntó si le caía bien su hijo, “porque mis hijos se quedan”, le dijo con una seriedad que dejó a mi mamá sin muchas palabras. Estaba en lo cierto, sus dos hijos varones están casados con sus novias de prepa, mientras que su hija se casó con su novio de secundaria.

Realmente éramos unos chamacos cuando empezamos a salir, y aquí estamos, 17 años después, con menos cabello y más kilos, pero nos seguimos queriendo igual y a la vez diferente. Pues ahora conocemos lo que somos y lo que no somos también, y nos aceptamos y amamos.

Mitrani terminó por derrumbar mi muralla, y fue sumamente paciente y amable en el proceso. Por más que yo sacaba mis garras de gato enjaulado, él me fue suavizando cada vez más, con mucho amor y tolerancia, como el fotógrafo que espera en la nieve a que poco a poco el animal salvaje se vaya acercando cada vez más. No sé si yo hubiera sido capaz de aguantar tanto, pero él jamás lo dudó. Y es que Mitrani es así, tierno y bondadoso, por eso la gente que logra conocerlo más allá de su inicial timidez lo quiere tanto.

Me sacó al mundo, literal, hemos viajado muchísimo, de muchas maneras que yo nunca pensé que lo haría pues, como él mismo me dice cuando se divierte burlándose de mí, me criaron como princesita. Y la verdad es que disfruto enormemente nuestras aventuras, con todo y aquellas anécdotas desafortunadas que hoy nos hacen reír.

 

@linski101, en Giphy

 

Siempre logra sacarme una sonrisa, incluso después de esas discusiones que expulsan lo peor de mí. Todo el tiempo está procurando que yo esté bien y contenta.  Algunas veces me lo reclama, pero jamás se pone de obstáculo las tantas veces que yo necesito ausentarme, ya sea por trabajo, por visitar a la familia, o en todas esas ocasiones en que de pronto necesito irme muy lejos, a donde realmente no puede alcanzarme, aun estando en casa.

Una mujer medicina necesita de otro hombre medicina para poder sentirse libre, comprendida, amada y sostenida, y no pude haber sido más afortunada. Sin un compañero de vida que me brindara tanto apoyo en mis decisiones, en medio de mis dudas, mi caos y mis miedos, junto a esos brotes explosivos e intensos de creatividad e inspiración, jamás hubiera podido emprender mis proyectos.

Algo que admiro mucho de él es su hambre por el conocimiento. Siempre está deseoso de aprender, de visitar nuevos lugares, y en este camino ha sabido cómo desprenderme de mi lado ermitaño para vivir la vida. Siempre fue un chico despistado y tranquilo, pero ha sabido abrirse paso y permanecer en una profesión que no es sencilla. No sólo lo hace bastante bien sino que además lo disfruta. A sus 34 años tiene grado de doctor y un buen trabajo en el que logra combinar todo lo que le gusta: el arte, la Historia y la ciencia.

Lo más valioso de nuestra relación es que hemos sido capaces de crecer, tanto como individuos y como pareja, juntos y cada uno por su lado al mismo tiempo. Hemos ido triunfado, por encima de todo, pese a los obstáculos y las situaciones complicadas, con amor, paciencia y respeto. ¿Qué más se puede pedir? Al final, yo gané y me quedé con mi italiano.

@phazed, en Giphy

Con amor, Mónica Elena Cárdenas Mejía (La Moccata)

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