Ejercicio 7: “La casa que habita en el interior del bosque”

Ejercicio7

Recientemente tuve una plática muy interesante con una amiga sobre la maternidad y lo que ésta puede significar para distintas mujeres. Ella comentaba que el legado más importante que puede dejar el ser humano para el mundo son los hijos… Al escuchar este argumento no pude más que hacer una mueca con los labios, respirar profundamente y diferir con respeto. Opiné que, para mí, el legado más importante es el impacto que generas en los demás a lo largo de tu vida, ya sea a través de tu trabajo, tu personalidad o tus relaciones. En caso de tener hijos, por supuesto que el legado más importante es el impacto que dejas en ellos, pues tu influencia tiene que ser la más significativa en sus vidas; pero si no tienes descendencia, ese impacto se transfiere a las demás relaciones y conexiones con las que vas generando sinergia en tu andar.

Hace poco más de una década descubrí que había estado recorriendo un camino hacia un objetivo en particular, y cuando llegó el momento de tomar una acción definitiva hacia esa meta entendí que se trataba de un sueño que ya no deseaba cumplir. Me sentí muy perdida. Me dio la impresión de haber estado caminando en círculos en un rincón del bosque de mi mente para darme cuenta de pronto de que esa zona ya no me pertenecía, era apenas una vieja extensión de mí que tenía que desprenderse para que yo cambiara de rumbo… y como cuando se pierde una brújula, no tenía idea de hacia dónde debía dar mi próximo paso. Me mantuve a la deriva por un par de años, cumpliendo mis obligaciones día tras día hasta que la vida me llevó a empezar de cero, una vez más, en una ciudad distinta y de la mano de mi pareja. Me tocaba escudriñar en el bosque de mi interior para emprender el camino de regreso a casa, a mí misma.

Me gusta visualizar esa parte de mi psique donde albergan mi alma y mi ego en comunión como una pequeña casa de estilo inglés de color rojo. La veo con su techo en forma de triángulo, con los marcos de las ventanas blancos y una pequeña chimenea de la que emana una columna de humo pálido que huele a incienso, flores quemadas y copal; a veces la imagino en un prado abierto y luminoso, mientras que en otras circunstancias pareciera sumergirse en un bosque de tupidas ramas; en ocasiones parece darme la bienvenida con la puerta abierta, y de pronto se me figura como la casa de la vieja bruja del cuento ruso de Vasalisa, la cabaña de la Baba Yagá que se sostiene sobre unas patas de gallina que danzan en círculos y en cuya puerta espera una anciana con un acertijo. En un principio no alcanzaba a ver el ecléctico interior de esta casa, pero en los últimos años he logrado acceso a ciertos rincones: una enorme carpa roja con su altar en el centro, una salita de ventanales con un columpio de mimbre, algunos muebles de madera y decoraciones mexicanas y un jardín japonés. Esta es la casa de mi bosque a la que cada cierto tiempo necesito volver para reencontrarme con una parte de mí, a veces conocida y otras por conocer. Aquella vez que perdí la brújula me costó mucho trabajo encontrar el camino de regreso a este lugar, y cuando por fin me topé con él para sumergirme en sus adentros y cerrar la puerta detrás de mí me llevó algo de tiempo animarme a salir de nuevo al exterior.

@percolategalactic

 

Mis viajes recurrentes a esta casa me han llevado a importantes descubrimientos y decisiones en mi vida partiendo de la raíz detrás de la meta original: empoderar por medio de la creatividad. Producto de ello han sido los proyectos que he emprendido, la comunidad de Mujeres Medicina que nació del sueño de “mi hermana de muchas vidas”, y que creamos juntas, y mi blog personal La Moccata; mi camino como terapeuta holística Moon Mother; los retiros y círculos de mujeres; los cuentos narrados a la luz de la fogata de un aquelarre; mi creatividad y estrategia metódica para trabajar; y la medicina de mi palabra y literatura que desea llegar a otros para moverlos, tocarlos e inspirarlos y que espero, en un futuro no muy lejano, compartir con otras personas que desean aprender a sanar a través de la escritura.

El impacto que mi trabajo ha tenido en mí misma y en otras personas me motiva cada día a seguir adelante, buscando siempre la manera de seguir llegando cada vez a más rincones. Lo veo en la mujer que soy ahora (y en la que me sigo convirtiendo) y lo veo en las personas que acuden al llamado y desean ser acompañadas en sus procesos personales. Muy en particular, lo veo en mis relaciones con el otro y los otros, pues son estas sinergias de uno a uno, en las que somos capaces de abrazarnos y vernos a los ojos, en las que existe una mayor posibilidad de tener una conexión más auténtica y profunda. Confieso que todavía me representa un reto traspasar la seguridad de la pantalla para tener encuentros interpersonales, donde me siento más expuesta y vulnerable y con una gran demanda a estar presente y con una atención consciente. Sin embargo, al final del día estos encuentros son los que más llenan el alma. Es por eso que los instantes de contacto con la gente que amo son tan importantes para mí. Llevo años trabajando en sanar y construir relaciones significativas dentro y fuera de la familia.

Y pese a todo, la casa que habita en el interior del bosque me llama a la distancia de vez en cuando, pues es ella quien me muestra las herramientas a través de las cuales tejo mi legado. Quizá nunca cesa de susurrarme al oído que vaya a su encuentro, pero no siempre soy capaz de escucharla o de prestarle atención. Más allá de mi trabajo y las relaciones, en el mundo exterior me topo con ella de pronto en los momentos más sencillos o cotidianos de la vida: cuando me tomo mi té acompañada de un buen libro, en mis caminatas al aire libre, en esos instantes de meditación, al rozar el pasto con los pies descalzos, coloreando pequeños mandalas, escuchando la música que disfruto, viendo una película o serie que me conmueva, arropada en los brazos de mi compañero antes de salir de cama por las mañanas… y, por supuesto, en esos instantes de inspiración en los que surge la magia de crear por el simple gusto de darle vida externa a lo que se gesta desde el interior.

@madagarbea

 

Esté donde esté, la casa roja con sus marcos blancos me irá mostrando con el tiempo nuevas habitaciones. ¿A qué aspectos de “mi yo profundo y salvaje” tendré acceso entonces? No lo sé, pero sin duda la casa continuará convocándome cada que sea necesario, en aquel lugar donde mi alma y mi ego comulgan juntos, como dos viejos cómplices amigos que esperan pacientemente a que me una con ellos al té de la tarde.

 

Mónica Elena Cárdenas Mejía – La Moccata

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s