Ejercicio 8, P1: “Los ecos de memorias que inspiran”

Ejercicio8

El hombre que vino del sol

Eran unos aventureros, él apenas tenía 14 años…

Comenzó narrando mi abuela mientras mi suegro y yo la escuchábamos atentos en la sala una noche que se sentó a nuestro lado a revivir recuerdos.

Hay personas que dejan una huella imborrable en nosotros, incluso si nunca llegamos a conocerlas, pues el eco de su trayecto nos acompaña en nuestro camino a través de su memoria, su ejemplo de vida o su trabajo. El abuelo Simón, como le decimos al papá de mi abuela Yoli, es una de esas personas para mí. Era un adolescente el día que él y su hermano se subieron a un barco en Japón a escondidas de su familia para partir rumbo a “América”, lo pongo así entre comillas porque me imagino que en aquél entonces la palabra significaba más que el nombre de un país o un continente, sin duda era incluso el epíteto de la persecución de los sueños y la esperanza. El abuelo Simón jamás volvió a su país natal, y como acertadamente dijo mi suegro, años después de su partida se vino la guerra, de manera que si él y su hermano no hubieran decidido marcharse aquel día él quizá no habría vivido lo suficiente para que una bisnieta suya, del otro lado del mundo, se atreviera a escribir una pequeña fracción de su historia.

Aparentemente, el abuelo Simón se llamaba Kakuji Shimamoto, pero un desliz de la persona que registró erróneamente su nombre cuando desembarcó en San Francisco cambió su apellido por Shimomoto, creando una ruptura invisible entre las generaciones antiguas y las futuras. ¿Por qué decidió cambiarse después el nombre a Simón? Tengo la idea de que alguien me dijo que tiene que ver con el hecho de que la gente le decía Shimo, y eso derivó en Simón, pero no me crean tanto.

Nunca conocí al abuelo Simón pero el eco de su ficción permanece grabado en todos nosotros, los que venimos después de él y compartimos su sangre, como si se tratara de una de esas figuras de estampas escolares: sólo tenemos una imagen, una descripción de su persona y un montón de anécdotas narradas por quienes aún lo recuerdan. Mi abuela cuenta que sabía hacer de todo y que era un hombre muy trabajador que por distintas circunstancias de la vida tuvo que empezar de cero en más de una ocasión. A mí sólo me queda un octavo de su sangre, pero quizá es ese pequeño hilo rojo que aún se escurre entre mis venas lo que hace que sueñe con ir a Japón.

@aishwaryasadasivan

 

Mi abuela asegura que ella fue la más traviesa de sus hermanos y hermanas y a la que más seriamente disciplinaba mi Aby, su mamá. Pero el abuelo Simón siempre la protegía diciendo “déjala ser”. Me pregunto si en su tierra, donde nace el sol, el abuelo Simón hubiera tenido esa misma filosofía, pues la cultura japonesa se distingue por la rectitud con que enseñan a sus hijos a seguir las normas y pautas de la sociedad. La Segunda Guerra Mundial cambió la vida de muchos japoneses que residían en otros países, incluyendo México. Al parecer eso tuvo un impacto muy fuerte en el abuelo Simón, quien decidió no transmitirle a sus hijos un fuerte legado nipón, quizá para que no fueran discriminados o señalados. Ninguno de ellos continuó estudiando el idioma de su padre. Sin embargo, mi abuela recuerda que él siempre les habló de la importancia del honor y de hacer cumplir su palabra, un aspecto muy japonés. Quizá fue ese honor el que le hizo esconder alguna vez a un revolucionario en su casa para salvarlo de la muerte (según cuenta la leyenda), trabajar en distintos oficios para alimentar a su familia y hasta hacerle frente a los agraristas el día que fueron a robarse a su esposa embarazada y no la encontraron, pues el abuelo Simón la ocultó en una canasta en el cafetal en el que trabajaba: —Nos dijo que venía para acá, —argumentaron los agraristas que se habían topado con ella en el camino, —aquí no ha venido nadie, —contestó el abuelo Simón, y después de una búsqueda sin éxito terminaron por marcharse. La Aby le contó alguna vez a mi abuela que casi se asfixia en aquella canasta, pero los agraristas no se la llevaron, como a muchas otras mujeres que no corrieron con la misma suerte.

El abuelo Simón murió un año después de que nació mi tío Manuel, hermano de mi mamá, a quien siempre sentaba en sus piernas para jugar al “upa upa caballito”. Recuerda mi abuela que a los días de la muerte de su papá, mi tío Manuel señaló a la pared, y riéndose balbuceó “upa upa caballito”. Mi abuela corrió a sostenerlo, asustada:

¡Dile que no te vas a ir con él!

Quizá fue el abuelo Simón quien vino por él cuatro décadas después, cuando lo venció el cáncer.

Algún día me tocará ir a Japón, dirigirme al distrito del que partió Kakuji Shimamoto y honrar su memoria, recuerdos ajenos que permanecen conmigo como ejemplo y figura.

El círculo perfecto

Recientemente tuve una sesión grupal de wombblessing en la que participó una querida prima, a quien adoro porque he convivido mucho con ella y me tocó cuidarla y peinarla en más de una ocasión de pequeña. Esta medicina sanadora, que comparto como terapeuta holística Moon Mother, siempre me sorprende por los resultados que experimentan las mujeres que la reciben, pero también por todo aquello, visible e invisible, que se manifiesta durante una sesión en que se honra una energía muy pura y amorosa. Cuando llegó el turno de mi prima pedí permiso a sus ancestros, a sus guías, maestros espirituales y ángeles, para sembrar en ella la intención deseada a través de la wombblessing; en ese instante me vino a la mente mi tío Manuel, parado ahí junto a ella, con su barba y sus ojos negros… y me quedó tan claro como el agua que su presencia ha estado siempre a su lado, guiándola y sosteniéndola, como un ángel guardián.

ceciliaxli

 

No me toca hablar sobre la conexión entre mi prima y mi tío Manuel, pues es de ellos y de nadie más, pero sí quisiera compartir por qué mi tío es uno de los ecos que me acompañan. Mi tío Manuel fue un artista, un gran artista a quien la vida (o el abuelo Simón) decidió llevarse demasiado pronto. Arquitecto, poeta y pintor, voz de tenor y visionario. Creo que cuando llegó a este mundo a las hadas se les pasó la mano y vertieron en él demasiado polvo mágico (referencia para quien lo entienda), razón por la cual tenía tantos talentos que no podría terminar de enumerarlos, aunque también lo recuerdo como una persona reservada con la que no siempre resultaba sencillo de tratar. Era un poco gruñón y algo ideático, podría decirse que era un artista excéntrico. Estoy segura de que tenía el don de ver más allá de lo que los ojos ordinarios son capaces de vislumbrar, y de ahí surgían sus ideas para crear todos esos ángeles y demonios en su cabeza que hallaban salida en distintas expresiones artísticas.

Durante las vacaciones en que visitaba a mi abuela en Ensenada y coincidía con una estancia de mi tío Manuel los dos nos enfrentábamos cada día en una batalla campal por el control de la tele; quien lograba despertarse más temprano era quien triunfaba ese día para desayunar en el estudio del televisor y poner sus programas favoritos. Mi tío y mi mamá eran muy cercanos, fueron los hermanos que más compartieron pasatiempos e ideas comunes, pues ambos disfrutaban la lectura, el arte y otros tantos gustos intelectuales. Cuando mi mamá y yo nos mudamos a Ensenada fue mi tío quien diseñó y construyó nuestra casa, aunque no alcanzó a terminarla, pues enfermó antes de que pudiera concretarla. Quizá por ello, durante varios años, cuando ya tocaba irme a dormir y apagaba la luz del piso de abajo yo imaginaba a mi tío sentado en la oscuridad de la sala, observando con recelo su obra inacabada… siempre subía corriendo las escaleras para meterme a mi cama. Aunque sé que mi tío jamás me hubiera hecho daño seguro que se habría divertido dándome un buen par de sustos, pues era bastante bromista en ese sentido. Recuerdo que uno de mis primos pequeños se asustaba cuando lo veía, porque mi tío siempre gruñía como oso en su presencia. ¿Qué pasaba por la mente de mi tío en esos momentos? No lo sé, pero la verdad creo que se divertía bastante haciéndolo.

Hay un instante grabado en mi mente que atesoro con mucha nostalgia. Mi mamá y yo nos mudamos a nuestra casa en Ensenada cuando la obra aún estaba en construcción. El piso de abajo donde hoy se encuentran la sala y la cocina era entonces una cochera, la parte de arriba solían ser consultorios y mi tío se las arregló para eventualmente convertir aquello en una casita estilo Santa Fe. En un principio, mi cuarto estaba lleno de material de construcción y mi mamá y yo dormíamos en su habitación. Una noche, ya tarde, mi tío se encontraba aun trabajando en la casa cuando encargamos una pizza para ver juntos la película de “Marcianos al ataque”. Nos divertimos tanto. Mi mamá y yo, cada una en su cama, y mi tío sentado en el piso en ese pequeño espacio que separaba ambos muebles, riéndonos a carcajadas. Mi pobre perro se llevó un susto cuando entró corriendo a la habitación y mi tío lo espantó con un gruñido para que no se le ocurriera entrar a robarse la pizza. Así también vimos juntos “El quinto elemento”, y recuerdo lo conmovido que se sintió mi tío al escuchar la voz del personaje de ‘la diva’ en una de las escenas más emblemáticas de la película.

Mi tío me confesó que alguna vez, parado frente al pizarrón del salón escolar (no recuerdo si esto ocurrió en su infancia o cuando dio clases de Arquitectura), los estudiantes comenzaron a burlarse de él, y para callarlos a todos desvió su vista y dibujó un círculo perfecto en el pizarrón a mano alzada. El salón se silenció por unos instantes. Creo que a lo largo de su vida mi tío continuó dibujando ese círculo en el aire, mostrándole siempre a la gente que se oponía a él lo desafiante que podía llegar a ser, haciendo gala de su talento. Era único, y siempre tenía una respuesta ingeniosa para aquel que se atrevía a provocarlo. Con su ojo crítico y su lengua mordaz juzgaba y sentenciaba, o reconocía y aplaudía. A veces me sorprendo a mí misma pensando

¿aprobaría esto mi tío Manuel, le gustaría o me reprendería para enseñarme en seguida cómo hacerlo mejor?

 

Algunas de sus pinturas aún cuelgan de las paredes de la casa de mi abuela y al observarlas me pregunto ¿qué tanta luz y oscuridad tocó mi tío para poder dar a luz a esas creaciones? Mucha, seguramente, como la mayoría de los artistas que crean a raíz de su felicidad y su dolor.

reddit

 

En sus últimos días, estoy segura de que mi tío recibió fragmentos de esa información a la que sólo se tiene acceso cuando uno se encuentra cerca de la muerte, en un estado de consciencia más cercano al Origen. Habló del fin del mundo, de los errores de la humanidad, del peligro de otorgarle tanto poder a las máquinas y de muchas otras cosas que me hubiera gustado grabar, pues aunque algunas de ellas seguro sonaban a los delirios de una persona que estaba a punto de partir, otras resultaban grandes lecciones. Me gusta recordarlo no como lo vi por última vez, sino más bien rellenito porque le gustaba mucho comer, riendo a carcajadas detrás de sus gruñidos y dibujando su círculo perfecto.

 

Nos vemos en la siguiente entrega de este ejercicio, en la que compartiré sobre los soñadores de imágenes y los tejedores de palabras.

 

Mónica Elena Cárdenas Mejía – La Moccata

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