Ejercicio 9: “Soñar que sueño despierta”

DEMAC

El deseo es el esfuerzo de una posibilidad que quiere manifestarse.
– Gaby Vargas

Me parece que tenía unos cinco o seis años por aquel entonces, cuando mi respuesta a la típica pregunta de qué quería ser de grande era “cantante”. Me veía a mí misma con el cabello cobrizo y ondulado, en un entallado vestido rojo, cantando al ritmo del soul jazz frente a un escenario, mientras un hombre galante tocaba el piano a mi lado. Supongo que vi una escena similar en alguna película situada en el Hollywood de los cuarenta… o quizá me impresioné demasiado con el personaje de Jessica Rabbit, no lo sé.

Mis sueños o deseos no siempre se han mantenido estáticos, sino que han ido evolucionando conmigo. Desde cantante y actriz, pasando por paleontóloga e incluso abogada criminalista y cineasta, por mi mente pasaron muchas ideas acerca de lo que soñaba con ser de grande. Quizá nunca me imaginé que terminaría haciendo lo que hago hoy en día, aunque responde por completo al llamado que sentí desde pequeña, y que encontró su eco en distintas actividades hasta llegar a mi profesión actual. Me resulta muy curioso que permanezca en la búsqueda, después de haberme jactado por diez años de tener la total certeza de a qué me dedicaría y cómo recorrería mi camino; pero en un juego de azar los dados no siempre caen en el número esperado, pues presentan varias posibilidades, y es justo por eso que el juego resulta tan atractivo.

En este mundo de infinitas opciones uno siempre persigue y se encuentra con lo que resuena, una y otra vez, hasta que completamos la lección y toca avanzar de grado. Una colega compartía hace unos meses que venimos a este mundo a experimentar una emoción o vivencia específica, y mientras el ciclo permanezca incompleto iremos danzando de una vida a otra, de una situación a otra, hasta que el alma haya completado su misión inicial. Quizá en ello radican los deseos, anhelos y sueños que perseguimos.

De los primeros deseos de mi infancia, uno de los que más recuerdo fue el de tener un gato. Mi mamá me lo concedió por mis buenas calificaciones. Se llamaba Tao y mi tía Lupita me decía que se apellidaba Rible, haciendo un juego de palabras que me hacía rezongar porque entendía perfectamente lo que quería decir. Si me preguntan cómo me veo de anciana, claramente diría que sentada en un mueble de mimbre, viendo por la ventana el jardín japonés de mi casa, con un viejo gato ronroneando en mis piernas y un té en la mesita de al lado.

 

@molehill

Más adelante, tendría unos quince años cuando en la clase de arte tuvimos que hacer un proyecto audiovisual y me propuse junto con mis compañeros hacer un refrito de la película Magnolias de acero. Recuerdo haber disfrutado mucho el proceso y tomar la decisión de que sería cineasta, pues pensé que todas las piezas de mi infancia encajarían perfectamente con ese objetivo: el deseo de crear, de contar una historia, de transmitir un mensaje, de conmover a través de mi trabajo. Todos los pasos que siguieron a ese momento fueron encaminados a alcanzar ese sueño: mi carrera, los guiones que escribí, los diplomados y, finalmente, mi maestría. Estaba convencida, además, de que estaba dispuesta a hacer grandes sacrificios para cumplir ese objetivo, incluso perdí oportunidades y relaciones en el proceso. Fue en el posgrado cuando me di cuenta de que mi llamado no iba por ahí y eso me frustró a sobremanera.

La idea de perseguir un sueño y una pasión siempre fue mi leitmotiv diario, mi fuerza y motivación. Aquello me daba una ventaja en una sociedad que consideraba, en su mayoría, carente de ilusión, como si formara parte de un prodigioso ejército de soñadores, los que transforman el mundo día con día. Perder el sueño apagó mi fuego interno que por momentos arrojaba pequeñas chispas, insuficientes para encender una fogata que avivara mi alma. Y como he mencionado anteriormente, cuando tenemos hambre comemos cualquier cosa, y así me sostuve de distintas piezas que me mantuvieran andando, pequeños alfileres que me sostenían por la vida siempre anhelando algo más. Afortunadamente, contaba con alicientes que me hacían sentir plena por instantes y personas que amaba y me apoyaban. El deseo entonces fue encontrar aquello que me permitiera soñar estando despierta.

 

@molehill

Un par de años después me topé con una conferencia de Ted Talk en YouTube. La exponente, Josselyne Herman, compartía cómo, a través de una vivencia en particular, ella había decidido ponerle una pausa a su vida profesional de empresaria para perseguir un sueño de su infancia. Contó que cuando era niña deseaba ser cantante, pero su papá le había explicado que “no podías hacer de tu sueño tu carrera profesional”, creando en ella un paradigma que la hizo perseguir objetivos distintos. Caminando de nuevo hacia aquella ilusión que tenía de pequeña formó parte de un grupo musical de los 90 y, “casi como si fuera un acto de magia”, grabó un disco y su canción fue “la número uno en el país, venciendo incluso a Whitney Houston”. Entonces ella decidió que su deseo ya no era ser cantante, sino empoderar a otras personas para que sus sueños se volvieran realidad. Así, fundó la empresa Abracabra y a través de ella encontró su llamado. Continuó la plática compartiendo el caso de uno de sus clientes, un actor que no lograba abrirse paso por la profesión y se sostenía de trabajos temporales que le permitieran una economía medianamente estable. Ella le preguntó: “si todo fuera posible, qué desearías”, y a través de una serie de preguntas y respuestas el actor confesó que desearía poder vivir de la creatividad. Ese momento fue una revelación para mí. Al término del video me senté largo tiempo a escribir varias ideas y pensamientos y, rascando entre los recuerdos, preguntándome y respondiéndome, siguiendo un método que había aprendido años atrás en un curso al que me llevó mi tía Mónica, cuando la buscadora en ella acudió a la buscadora en mí, encontré la raíz detrás del sueño original de mi adolescencia y creé una nueva posibilidad en mi vida: el sueño de empoderar por medio de la creatividad. Me di cuenta de que uno puede ser creativo de muchas maneras, bastaba con que encontrara las herramientas adecuadas para lograrlo. Más adelante comencé mi blog y, entonces, nació La Moccata. Así mismo, me involucré con el proyecto de Mujeres Medicina, inicié un videoblog, y finalmente me certifiqué como terapeuta Moon Mother, concatenando distintas oportunidades para alcanzar mi objetivo.

Desde aquel momento de Eureka han pasado muchas cosas. He recurrido a distintas herramientas, algunas de las cuales han quedado atrás mientras que otras simplemente han ido evolucionando. Mas la posibilidad que creé entonces permanece: empoderar por medio de la creatividad. Nótese que no especifiqué “vivir de esa posibilidad”, razón por la cual los últimos cuatro años de mi vida me he dedicado a perseguir ese deseo, alcanzándolo de distintas maneras, pero sin ser capaz de tener un ingreso que compensara mis horas de trabajo. Al universo le gusta la claridad, uno recibe lo que pide cuando se pone en acción para obtenerlo, pero si no especificamos los detalles puede llegar cualquier cosa. Ahora soy más puntual cuando siembro mis intenciones.

Saco una lista que escribí hace unos años sobre mis sueños y deseos. Algunos ya los he cumplido, otros están próximos a alcanzarse, y a otros todavía les falta algo de tiempo para que puedan ser una realidad; por supuesto, hay algunos que han dejado de ser un anhelo. Todavía quiero publicar un libro, tener mi casita con un jardín japonés, compartir mi aprendizaje con otros a través de pláticas, retiros y talleres, y cantar en un escenario con un vestido rojo. Así, he vuelto a escribir nuevamente y publico en mi blog y redes sociales; en mis sesiones de terapia holística comparto mis experiencias y mi medicina, y siempre menciono a la escritura como un método de sanación; por lo demás, empezaré por comprarme un bonsai e inscribirme a clases de canto. Estoy segura que el resto irá surgiendo poco a poco, cuando la casa que habita en el interior del bosque de mi psique me siga mostrando nuevas habitaciones con nuevas posibilidades. En la fecha en que se publica este escrito ya he vuelto de mi viaje a Japón, que tanto anhelaba.

 

@d3a

 

A final de cuentas, ¿no es la vida una oportunidad de existir a través de una infinita rama de posibilidades? ¿Qué sería de nosotros si permaneciéramos por siempre estáticos, sin movimiento, sin crecimiento, sin anhelos? La niña soñadora sigue viva en mi interior, y a través de su voz y el camino andado iré encontrando la manera de abrirme paso hacia ese sueño, sin olvidar jamás que más allá del resultado lo importante es disfrutar el proceso.

Así como la lógica guía a la mente, los deseos guían al alma.
– Thomas Moore

 

Mónica Elena Cárdenas Mejía – La Moccata

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