¿Dudas ante una decisión? “La única cosa realmente valiosa es la intuición”

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Recientemente he tenido que tomar muchas decisiones. ¿No les pasa a veces? Que se encuentran en una rachita de cambios, retos y cosas nuevas que los llevan a tener que decidir, a veces incluso “sobre la marcha”. En estas circunstancias la mente racional entra en acción y comienza a analizar la situación, a desmenuzarla y ver los pros y contras de cada opción, tratando de identificar cuál es el mejor rumbo a tomar. Sin embargo, llega un punto en el que la mente racional ya no puede ayudarnos y es necesario agregar un ingrediente extra, uno que nos acompaña en todo momento, la intuición.

De pronto hay algo que nos llama desde muy adentro y contra todo pronóstico nos indica qué paso seguir. Hay quienes le llaman “el salto de fe”, a mí me gusta decirle “el chingaezú”. Lo escuché alguna vez de una compañera y desde entonces lo he adoptado cada que la intuición se coloca por encima de todo razonamiento. Puedo decir que a veces el resultado no es el deseado, pero otras, muchísimas otras, obtengo resultados inesperados que traen alegría y son siempre para mi mayor bien.

Desde el año pasado mi esposo y yo teníamos que tomar una decisión importante, una que representaba trabajo, tiempo y recursos. La mente racional e intelectual hizo su parte: consultamos con expertos, estudiamos el caso, comparamos opciones. Aún así, seguíamos sin saber qué rumbo tomar. De manera que pedí otro tipo de asistencia. Le pedí a la Consciencia Universal, El Gran Espíritu, El Origen, Dios, Madre, Padre… o como quieras llamarle, que me mostrara señales para saber cuál podría ser la decisión más asertiva.

En mi petición, solicité que se nos presentara la opción que representara lo mejor para nosotros y nuestra familia. Entonces, ese “zumbido” que llevaba meses en la cabeza comenzó a volverse más claro, hasta que se convirtió en una voz que me decía “esa opción va a ser un dolor de cabeza”. La escuchaba una y otra vez, con creciente insistencia. El mensaje fue muy claro, pero ¡ahh caray!, a veces somos tan tercos. Nuevamente pedí una señal, y entonces se presentaron obstáculos y advertencias. La voz se volvió más clara y más fuerte.

Esta vez la señal era muy específica: aquella alternativa que nos tenía indecisos, disfrazada de oportunidad, no era lo mejor para nosotros. Había, por tanto, que seguir buscando. Una muy querida amiga siempre me ha dicho que “la intuición nunca se equivoca”, y que, cuando se presenta, no hay que pasarla por alto.

¿Fue la decisión correcta? Quizá nunca podré saberlo con certeza. Lo que sí puedo compartirte es que después de aquella resolución sentí que un enorme peso se había liberado, y volví a respirar. Eso, para mí, significó todo. Por tanto, solo queda confiar.

Tú, ¿con qué frecuencia te das el permiso de dejarte guiar por tu intuición?

Mónica Elena Cárdenas Mejía – La Moccata

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