Ejercicio 10: “La morsa que deseaba escribir con ingenio”

Ejercicio10

¿De dónde sacaste que ‘una morsa’ es una cobija?

—Me preguntó en ese momento mi esposo ante el regalo que le estaba presentando, —“así se llaman en mi familia, ha sido así por años y creo que lo seguirá siendo para las próximas generaciones”. Hay palabras que con sólo escucharlas nos transportan a un estado de ánimo, un recuerdo o instante específico. Esta es la historia de tres palabras que, desde niña, han sacudido mi mundo por el significado que encierran.

Una morsa sin colmillos

Todas las familias tienen una tradición particular, pienso que la mía tiene varias, pero hay una actividad que mi abuela me enseñó, mi madre aprendió, y yo seguramente la dejaré como legado si alguna vez tengo una hija: la confección de una MORSA. En mi familia, ‘una morsa’ es una cobija con tela de peluche por un lado y tela polar o acolchada por el otro, una cobija hecha por una mujer del clan. Creo recordar (aunque bien pudiera ser un recuerdo hecho de retazos, por lo que no estoy del todo segura de su veracidad), que la tela polar que mi abuela compraba para el lado acolchado se llamaba foca… de ahí que la cobija adoptara el nombre de morsa.

 

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Ejercicio 9: “Soñar que sueño despierta”

DEMAC

El deseo es el esfuerzo de una posibilidad que quiere manifestarse.
– Gaby Vargas

Me parece que tenía unos cinco o seis años por aquel entonces, cuando mi respuesta a la típica pregunta de qué quería ser de grande era “cantante”. Me veía a mí misma con el cabello cobrizo y ondulado, en un entallado vestido rojo, cantando al ritmo del soul jazz frente a un escenario, mientras un hombre galante tocaba el piano a mi lado. Supongo que vi una escena similar en alguna película situada en el Hollywood de los cuarenta… o quizá me impresioné demasiado con el personaje de Jessica Rabbit, no lo sé.

Mis sueños o deseos no siempre se han mantenido estáticos, sino que han ido evolucionando conmigo. Desde cantante y actriz, pasando por paleontóloga e incluso abogada criminalista y cineasta, por mi mente pasaron muchas ideas acerca de lo que soñaba con ser de grande. Quizá nunca me imaginé que terminaría haciendo lo que hago hoy en día, aunque responde por completo al llamado que sentí desde pequeña, y que encontró su eco en distintas actividades hasta llegar a mi profesión actual. Me resulta muy curioso que permanezca en la búsqueda, después de haberme jactado por diez años de tener la total certeza de a qué me dedicaría y cómo recorrería mi camino; pero en un juego de azar los dados no siempre caen en el número esperado, pues presentan varias posibilidades, y es justo por eso que el juego resulta tan atractivo.

En este mundo de infinitas opciones uno siempre persigue y se encuentra con lo que resuena, una y otra vez, hasta que completamos la lección y toca avanzar de grado. Una colega compartía hace unos meses que venimos a este mundo a experimentar una emoción o vivencia específica, y mientras el ciclo permanezca incompleto iremos danzando de una vida a otra, de una situación a otra, hasta que el alma haya completado su misión inicial. Quizá en ello radican los deseos, anhelos y sueños que perseguimos.

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Ejercicio8.2

 

Los soñadores de imágenes

La primera película que recuerdo haber visto en el cine fue “La Sirenita”. ¡Me impresionó tanto! La vastedad de las salas de entonces, el olor a dulces y palomitas, el ruido ensordecedor de las bocinas y la emoción de ver una historia en una pantalla gigante. El cine siempre me resultó fascinante, quizá por eso por muchos años creí que de grande me gustaría dedicarme a él. Aunque en el trayecto descubrí que mi camino no iba por ahí, el cine, las historias y sus personajes me siguen conmoviendo y sacudiendo del asiento. Por más Netflix que haya, jamás podrá igualarse con lo grandioso del rito de ir al cine.

Confieso que con todo lo que me gusta el séptimo arte, me falta mucha cultura para poder hablar de él con más conocimiento y perspectiva, pero con lo poco que sé lo disfruto muchísimo. Cuatro cineastas son para mí un eco y fuente de inspiración en la narrativa audiovisual:

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Ejercicio 8, P1: “Los ecos de memorias que inspiran”

Ejercicio8

El hombre que vino del sol

Eran unos aventureros, él apenas tenía 14 años…

Comenzó narrando mi abuela mientras mi suegro y yo la escuchábamos atentos en la sala una noche que se sentó a nuestro lado a revivir recuerdos.

Hay personas que dejan una huella imborrable en nosotros, incluso si nunca llegamos a conocerlas, pues el eco de su trayecto nos acompaña en nuestro camino a través de su memoria, su ejemplo de vida o su trabajo. El abuelo Simón, como le decimos al papá de mi abuela Yoli, es una de esas personas para mí. Era un adolescente el día que él y su hermano se subieron a un barco en Japón a escondidas de su familia para partir rumbo a “América”, lo pongo así entre comillas porque me imagino que en aquél entonces la palabra significaba más que el nombre de un país o un continente, sin duda era incluso el epíteto de la persecución de los sueños y la esperanza. El abuelo Simón jamás volvió a su país natal, y como acertadamente dijo mi suegro, años después de su partida se vino la guerra, de manera que si él y su hermano no hubieran decidido marcharse aquel día él quizá no habría vivido lo suficiente para que una bisnieta suya, del otro lado del mundo, se atreviera a escribir una pequeña fracción de su historia.

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Ejercicio 7: “La casa que habita en el interior del bosque”

Ejercicio7

Recientemente tuve una plática muy interesante con una amiga sobre la maternidad y lo que ésta puede significar para distintas mujeres. Ella comentaba que el legado más importante que puede dejar el ser humano para el mundo son los hijos… Al escuchar este argumento no pude más que hacer una mueca con los labios, respirar profundamente y diferir con respeto. Opiné que, para mí, el legado más importante es el impacto que generas en los demás a lo largo de tu vida, ya sea a través de tu trabajo, tu personalidad o tus relaciones. En caso de tener hijos, por supuesto que el legado más importante es el impacto que dejas en ellos, pues tu influencia tiene que ser la más significativa en sus vidas; pero si no tienes descendencia, ese impacto se transfiere a las demás relaciones y conexiones con las que vas generando sinergia en tu andar.

Hace poco más de una década descubrí que había estado recorriendo un camino hacia un objetivo en particular, y cuando llegó el momento de tomar una acción definitiva hacia esa meta entendí que se trataba de un sueño que ya no deseaba cumplir. Me sentí muy perdida. Me dio la impresión de haber estado caminando en círculos en un rincón del bosque de mi mente para darme cuenta de pronto de que esa zona ya no me pertenecía, era apenas una vieja extensión de mí que tenía que desprenderse para que yo cambiara de rumbo… y como cuando se pierde una brújula, no tenía idea de hacia dónde debía dar mi próximo paso. Me mantuve a la deriva por un par de años, cumpliendo mis obligaciones día tras día hasta que la vida me llevó a empezar de cero, una vez más, en una ciudad distinta y de la mano de mi pareja. Me tocaba escudriñar en el bosque de mi interior para emprender el camino de regreso a casa, a mí misma.

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