Ten un encuentro con la naturaleza

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En su libro ‘Energía, tu poder’ (que recomiendo), Gaby Vargas explica que una de las razones por las cuales sentimos tanto cansancio se debe al encierro físico en el que nos encontramos, presentando el llamado ‘síndrome de déficit de naturaleza’. Muchos de nosotros estamos encerrados la mayor parte del día: en el carro o en el metro, en la oficina, en la casa, en la escuela u otros edificios. Incluso si estos espacios son grandes e iluminados, no dejan de ser cerrados. El cuerpo y el cerebro necesitan oxigenarse para estar saludables y crear nuevas posibilidades. ¿Te has dado cuenta de que cuando sales a caminar o a que ‘te dé el aire’ piensas con más claridad e incluso se te ocurren soluciones, ideas y acciones por emprender?

En el mismo libro, Gaby Vargas describe cómo nuestro entorno está rodeado de iones positivos y negativos a los cuales nos exponemos en mayor o menor medida según el lugar en el que vivimos y los hábitos que tengamos:

Los iones positivos son generados por las ondas electromagnéticas de los celulares, las computadoras, el wi-fi (…) Los encontramos en espacios con mucha contaminación, lugares encerrados con aire acondicionado o donde hay abundancia de luces fluorescentes y fibras sintéticas que causan estática.

Pese a su nombre, los iones positivos tienen efectos adversos: cansancio, estrés, ansiedad, irritabilidad.

Los iones negativos contrarrestan estos efectos y los encontramos en la naturaleza y en la superficie de la tierra:

Los iones negativos pudieran ser los antioxidantes más poderosos del planeta (…) fortalecen el sistema inmunológico, te llenan de energía, de buen humor, aclaran la mente.

Por tanto, entra en contacto con la naturaleza y la tierra: sal a caminar a un parque, mete los pies en agua, ¡métete tú completa en el agua!, practica la jardinería, túmbate en el pasto, abraza un árbol. La manera más sencilla de entrar en contacto con los iones negativos de la tierra es practicando el “grounding”, que no es más que caminar descalza. ¡A todos nos gusta! Sobre todo cuando éramos niños, porque es una manera natural que inmediatamente nos da placer y bienestar.

Mónica Elena Cárdenas Mejía – La Moccata

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Compasión en la divergencia

Compasion
Dice Gaby Vargas en su libro ‘Energía, tu poder’, lo siguiente:
Sin importar la religión o no religión, la oración crea una energía que nos regresa al origen, nos conecta con la energía divina que llamamos Dios, Inteligencia divina, Alá, Buda, Fuente creadora o como queramos nombrarla. Hay muchas formas de orar: en silencio, con cantos, con música que nos transporta, con el baile al ritmo de tambores, con la gratitud, con un ritual, al meditar, en un abrazo, al apreciar la naturaleza (…) La oración no es sólo algo que hacemos, también es algo que somos, es una actitud ante la vida.
Habiendo citado este párrafo, pienso que cuando ‘oramos’ con regularidad, practiquemos o no alguna religión, pero juzgamos o criticamos otras formas de vida, le deseamos el mal a alguien, guardamos rencor y no perdonamos, o simplemente no somos capaces de empatizar con la historia de vida de alguien más (ojo, para empatizar no necesitamos estar de acuerdo) … nos hace falta la compasión necesaria para orar.
Necesitamos aprender a predicar con la acción, más que con la palabra. Como dicen los gringos:
walk the talk
Lo veo con mucha frecuencia, en mí misma y en los demás, que decimos y compartimos cosas muy bonitas, acerca del amor, el perdón y la compasión. Pero cuando se trata de ponerlo en acción nos quedamos cortos, pues tenemos por ahí rencores guardados, juzgamos y criticamos y no somos totalmente fieles a nosotros mismos o a los demás. Dime, ¿de qué sirve hablar del amor al prójimo si ataco tan duramente a alguien más porque no comulga con mi forma de vida? ¿De qué sirve hablar del perdón si no he logrado perdonar una ofensa desde hace años? ¿De qué sirve compartir sobre el amor, si me falta amor propio? ¡Ah! Qué difícil es, sobre todo ante aquello que consideramos una injusticia.
Se necesita mucha práctica. Se necesita hacer ese recorrido del corazón a la mente y desde ahí hacia la voz, para que seamos congruentes con nuestros ideales, los valores que admiramos y la mejor versión de nosotros mismos que deseamos ser.
WALK THE TALK
Mónica Elena Cárdenas Mejía – La Moccata

¡4o Aniversario!

Aniv
Hoy amanecí con un recordatorio de #wordpress. Resulta que hoy es el aniversario de mi blog “El tornillo suelto de la Moccata”. Justo hace unos días escribía del proceso que me llevó a crear este espacio. El blog surgió en una época en la que sentía una enorme necesidad por expresar mis adentros, mi creatividad y todos los demonios y ángeles que surgían en mi interior en mi lucha cotidiana y mi recorrido por la vida.
 
Este recordatorio coincide con otro aviso que señala que ¡he alcanzado las 200 publicaciones en mi blog! Vaya que he escrito en estos últimos 4 años, pese a todas esas pausas que me di y momentos de frustración en los que me olvidé de conectar a través de una medicina que amo: la palabra. Ha sido una gran aventura de muchas emociones, aprendizaje y creatividad y me siento muy contenta y orgullosa del camino andado. ¡Voy por más inspiración, por más intenciones, por más historias tejidas!
 
Mónica Elena Cárdenas Mejía – La Moccata

El proceso creativo

Conectar con el gozo, con la inspiración, con la voz que resuena desde adentro y que exige salir de pronto, con fuerza, como las burbujas contenidas en el agua hirviendo que de pronto explotan en la superficie.
 
El proceso creativo no se diferencia mucho del juego de un niño. Ambos surgen en momentos en los que sólo existe un auténtico deseo de expresarse y de disfrutar. A veces quema, a veces incluso duele un poco cuando no encuentra salida, o mientras se abre camino… pero, cuando cobra vida y se plasma en el exterior, metamorfoseándose con la forma, con el espacio, con la vida… entonces se sacia el hambre del espíritu, hasta que el artista necesita comer de nuevo.
El hambre nunca termina, sólo se contiene por momentos.
 
La Moccata
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La voz silenciosa y el retorno a la vida creativa

(2) Enlaces Face 2018
Foto de @photographyadrianamb

Recuerdo que en la primaria al único reporte de mala conducta que recibí le pusieron un sello de un periquito, aunque me lo dieron por ponerme a maullar en la clase… no me pregunten por qué lo hice, seguro me salió una enorme cola de gato en ese momento.

Aunque fui hija única, durante mi infancia conviví mucho con mis primas y amigas, y también con las maestras de la escuela donde daba clases mi mamá. Así que, sin tener consciencia de ello, aquellos fueron mis primeros círculos de mujeres.

A pesar de que fui una niña muy tranquila e introvertida tuve una época en la que fui bastante cabecilla, a veces como una pequeña dictadora y otras, quiero pensar que como una influencia amorosa.

Con frecuencia había niñas que me buscaban o se reunían a mi alrededor, incluso más grandes que yo, tanto en la escuela como en las reuniones familiares o en otros espacios. Las pequeñas me seguían como la figura de una hermana mayor de la cual aprender, y las mayores me cuidaban procurando mi bienestar, o me confiaban cosas que a otras niñas o adolescentes de su edad no les decían. Tenía un poder de voz y de convocatoria muy marcados (cantaba, preguntaba e invitaba): incluso si debía permanecer calladita y bien portada, siempre encontraba un espacio que sirviera de foro o de podio, ya sea sola o acompañada, como el que usaba mi mamá durante sus discursos de oratoria.

Muchas veces fui la niña que reunía a chicas de distintas edades o personalidades, que servía de mediadora, que jalaba a las que estaban solas o eran discriminadas… ¿por qué?, quizá porque yo con frecuencia estaba sola, y la verdad es que sabía muy bien cómo entretenerme aún sin compañía. Tenía un mundo creativo e imaginativo muy grande. Incluso en silencio siempre estaba hablando, siendo pensando, siempre creando.

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Gif de @cushmok

 

Así que… cuando de pronto me encuentro con el chacra de la garganta bloqueado, con las ideas silenciadas y la voz apagada, con proyectos en pausa y las energías creativas desbordándose sin medida o caudal, me pregunto en qué momento esa chiquilla parlanchina comenzó a elegir quedarse callada o demasiado quietecita, aun cuando lo que quería era ponerme a cantar o bailar. Pienso que una parte se remonta a esa temporada en la que dejamos nuestra casa en Guadalajara para ir a la ciudad natal de mi mamá. No sé si fue el cambio, el choque cultural, o el paso a la adolescencia, ¡o todo a la vez! Pero fue entonces cuando seriamente sentí que había perdido el poder de convocatoria y seguridad en mí misma del que no había sido consciente hasta que dejé de experimentarlo.

A mitad del sexto año escolar de primaria nos mudamos de ciudad y llegué a una escuela con una tradición conservadora. Siempre me extrañó la disciplina que nos pedía “lucir como niñas correctas”: educación religiosa, el cabello relamido en una alta coleta sin un pelo suelto, las calcetas blancas y alzadas, los zapatitos de muñeca, todo en su lugar, todo perfecto… mientras, en contraste, las niñas exploraban su adolescencia pasando de un novio a otro. A mis 11 años todo eso se sentía como “de mentiritas”, aunque quizá yo era demasiado inocente, no lo sé. Pero yo, que llegué con mi cabello suelto, mis lentes de colores, mi falda larga como el jumper de mi escuela anterior, y mis botines mata víboras (que amaba)… realmente les resultaba un pato muy feo. Y fueron tantos los picotazos que recibí, que tristemente terminé por creerme el cuento de que “era fea y extraña”. Terminé por adiestrarme para ser aceptada, aunque eso significara callar la voz y los anhelos de mi alma. Afortunadamente,  y como dice la psicoanalista Pinkola:

por debajo de mi falda siempre se asomó la peluda cola de la loba salvaje

O del felino que quería maullar en clases… aunque pasaron muchos años para que aprendiera a reconocerla, en mí misma y en el resto de la manada, tribu y amistades que aguardaban por mí.

 

Así, a través del tiempo y las distintas experiencias en los años posteriores a esa época, en la universidad y ahora en mi vida profesional, la loba ha vivido en conflicto con ese patito feo que por momentos se deja picotear, y por otros lanza gruñidos y muestra torpemente los colmillos. Para aprender a volar hay que estrellarse un par de veces en el suelo, ¿cierto?

¿Y entonces? ¿Qué hacer cuando la voz se apaga? ¿Cómo recuperar ese poder de convocatoria y seguridad en mí misma? En los últimos meses ha habido tantas experiencias, tan bellas y confrontantes a la vez que tengo que sentarme a desmenuzar y empezar paso a paso, para que no me coma la energía que siempre se contiene, pero siempre se desborda.

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Gif de @franciscab

 

En los pasados círculos en los que practiqué la respiración consciente con la técnica Breathwave sucedió algo muy particular: mientras visualizaba en mi viaje toda clase de imágenes y representaciones que van desde la Baba Yaga del cuento de Vasalissa bailando y brincando sobre mi vientre, hasta mi imagen convertida en un árbol plantando semillas, solté un fuerte alarido, un canto o aullido. No puedo darle un solo nombre pero en ese instante mi pensamiento fue:

quiero cantar y plantar semillas a través de mi canto

Por lo que sé, sin ninguna duda, que esa era mi voz demandando un regreso triunfal.

Entiendo que en mi caso silenciar la voz va más allá de no hablar. La voz silenciosa son también los anhelos, ideas y proyectos que no se materializan, que no encuentran una salida hacia su exterior: los escritos que se quedan en borradores, los libros que se quedan en la lista de “por leer algún día”, las tareas inconclusas,  el viaje que no se concreta, la desconexión con mi “yo auténtico”, los momentos en los que dejo de estar conmigo, la falta de encuentros con lo sublime, la disminución de la vida creativa.  Y cuando la vida creativa se apaga el hambre es tan grande que podemos volvernos torpes en nuestro andar y “comer lo que sea”. En mi caso, como exceso de trabajo, como furia, como reproche, como procrastinación, como melancolía y ansiedad.

Me sucedió algo extraño hace poco, algo que no me había sucedido nunca. Cuando me puse a pensar qué es lo que había detrás de ese acontecimiento caí en cuenta de que no era más que la falta de conexión conmigo, con mi vida creativa; era la voz silenciosa del patito feo de mi adolescencia. Antes de que sucediera ese episodio llevaba un par de meses pensando “me quiero desconectar”. Me refería a que quería darme una pausa de todo para irme a descansar un rato, pero como no fui lo suficientemente clara terminé por desconectarme de mí misma. Y así, todos los caminos trazados me invitan de nuevo a ir hacia adentro, y de adentro a afuera. Toca volver a reestructurar, volver a desmenuzar, volver a morir para nacer una vez más.

¡Qué fácil es volver a caer en el “deber ser” y el “tener que hacer”, en lugar de dejarse ser, dejarse sentir! Si ya me has leído antes sabrás que este es mi eterno loop, esta es mi eterna batalla: la búsqueda del equilibrio entre la vida de afuera y la de adentro. La búsqueda del equilibrio entre mi luz y mi sombra, que siempre bailan un tango queriendo ambas guiar al mismo tiempo. Es el miedo al poder, es el miedo al potencial que requiere abrazar todo de mí, lo feo y lo bonito.

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Gif de @carlottanotaro

 

Recuperar la voz y la vida creativa requiere estar dispuesta a apostarle a la incertidumbre por encima de la seguridad, la incomodidad por encima de la comodidad. Requiere cantar más, más fuerte y sin pena. Requiere poner límites desde el amor y no desde la defensa, la ira o la arrogancia. Empecemos por darle voz a la información que se gesta aquí conmigo, que se jala de allá desde el otro lado del velo, se mezcla y se remezcla. Empecemos a gritar, a gemir, a llorar, ¡a aullar y maullar! Si no a través de la garganta, a través de todas las vertientes que mi creatividad y expresión me lo permiten, y a través de cada encuentro con lo sublime que es justo lo que mi alma anhela: lo sublime en una melodía, en una imagen, en una historia, en la hoja en blanco, en los pies descalzos, en la meditación, en todo y en nada a la vez. Ya te contaré después qué tal me va en este nuevo intento por recuperar la vida creativa.

La verdad es que al ver las fotos de mi pre adolescencia solía pensar que era algo feíta, ahora me doy cuenta de que sólo era encantadoramente distinta. Aceptando eso, aceptando la esencia salvaje que me alberga puedo elegir no domesticarme para darle poder a mi voz, para sumergirme en la vida creativa, para recuperar mi poder de convocatoria y seguridad en mí misma. Toca ponerme a maullar de nuevo en las clases de la vida, aunque me vuelvan a poner reporte de periquita.

La Moccata

Pd: la foto de portada fue tomada por la talentosa Adriana Maldonado (@photographyadrianamb) durante un retiro de mujeres en Tecate, B.C. Me sorprendió mucho el reflejo de luz en mi garganta. Me pareció la imagen adecuada para esta entrada.

 

Aquí y ahora

Aquí y ahora es donde puedes vivir.
¿Qué harás hoy por ti y por lo que quieres lograr en este plano?
La Moccata

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Refl: ¡Permiso para el placer!

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Cada 10 de mayo solemos reconocer a nuestras mamás, felicitarlas, regalarles algo, llevarlas a pasear o recordarlas, si ya no están con nosotros. Es un día en el que agradecemos su existencia, y la nuestra también, a través del primer regalo que nos dieron.

En estos días, y a raíz de lo que he presenciado en mí misma, en mi trabajo con mujeres y en los proyectos de los que formo parte, me pongo a pensar ¿qué tanto reconocemos a la madre de nuestro interior y desde dónde lo hacemos? ¿Lo hacemos desde la madre que cuida y nutre, desde la madre que protege demasiado y se sacrifica por los demás, o incluso, desde la madre que controla o somete?

Si hay una constante que he observado en las mujeres modernas es que no nos damos permiso ni tiempo de cuidarnos a nosotras mismas, de nutrirnos, de apapacharnos, de descansar, de disfrutar, ¡de SER! Nos la pasamos “haciendo algo” todo el tiempo. Siempre hay algún pendiente que urge. Siempre hay una emergencia o una actividad en la agenda. No es extraño, entonces, que vivamos cansadas o desmotivadas, que nuestras relaciones se estén apagando, que no haya tiempo (ni ganas) para el amor, que nos falte la chispa creativa, que nos haga falta ese cachito de pasión para gozar el trabajo, la familia, ¡la vida diaria!

Ponte a pensar, ¿cuándo fue la última vez que hiciste algo por ti, que te diste un regalo, un tiempo de calidad para ti y solamente para ti? No porque estaba en la lista de cosas por hacer, sino porque tú también necesitas ser tu prioridad de vez en cuando.

Mi invitación para ti es que TE DES PERMISO PARA EL PLACER, sea cual sea (sexual, creativo, descanso, esparcimiento, convivencia, etc.), desde el cuidado y amor propio, no desde la tendencia natural hacia la autodestrucción que de pronto tenemos, sino desde un auténtico deseo de nutrirnos a nosotras mismas, como si fuéramos nuestra propia madre… sin culpa, ¡porque qué sentido tiene hacer por hacer, si en el proceso nos olvidamos de disfrutar!

Besos y abrazos.

#LaMoccata, dándose el tiempo para nutrirse a sí misma