Cuando las energías se contradicen

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Aunque estamos en pleno otoño y el poder de la hechicera con sus límites, pausa y sensualidad se siente con ganas, la luna creciente nos invita a ir hacia afuera. Estas dos fuerzas, contradictorias, pueden generar frustración; por momentos con todas las ganas y el enfoque para emprender acciones, pero, paradójicamente, con cansancio o ganas de bajar el ritmo. Continúa lloviendo, ya empieza a bajar la temperatura y las gripas son muy comunes en este cambio de estación. Todo eso nos lleva a ir más lento, pero al mismo tiempo la luna en el cielo se abre y nuestra luna interior en postmenstrual quiere tomar acción.

¿Por qué no aprovechar ambas energías?  Muévete, toma las acciones que consideres necesarias para cosechar aquello que sembraste en luna nueva: riega las semillas, abona el terreno, cuídalo de los insectos o depredadores, construye un espantapájaros. Tu doncella quiere salir a bailar,  cazar y poner su enfoque en distintas cosas, pero hazlo desde la sabiduría de tu hechicera, que elige sus prioridades para no acelerarse ni excederse, que pone sus límites y que, definitivamente, no pide permiso porque tiene muy claro lo que quiere y necesita. 

La Moccata, terapeuta Moon Mother®

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Tiempo de cosecha

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Todavía persiste en el aire la energía de la luna llena que inició el pasado viernes. La luna llena es una época para cosechar lo que sembraste en el ciclo anterior, el momento ideal para ver los resultados de las decisiones que tomaste y las acciones que emprendiste. Por ello, hoy te invito a hacer este ejercicio de introspección:
  • ¿Qué cambios has observado en tu último ciclo o mes?
  • Nota si percibes o no algo distinto en tu cuerpo físico, en tus emociones, en alguna situación en tu vida, en tus hábitos diarios, en la relación que tienes contigo y con los demás.
  • Observa lo que había o era antes, lo que hay o es ahora y cuál es el efecto o resultado de ese cambio o situación nueva que surgió o que creaste.
De ser posible, escribe tus respuestas para aterrizar mejor tu proceso. Con esta introspección puedes ir viendo qué es lo que quieres seguir logrando y cosechando próximamente, así como qué puedes hacer en caso de no haber obtenido los resultados deseados, y cuál pudiera ser la lección detrás de ello. La luna menguante inicia este sábado 21 de septiembre, por lo que si puedes hacer este ejercicio antes mejor. Escríbeme si deseas acompañamiento de mi parte para saber cómo profundizar en la observación de tu naturaleza cíclica
Por mi parte, en este balance descubrí que todo lo que estoy cosechando en este momento es el resultado de haber sembrado una intención en particular hace varios  meses. Es impresionante cómo en el momento en que se toma una decisión y se llevan a cabo las acciones para ello la rueda comienza a girar y las cosas simplemente suceden. De pronto parecen retos imposibles, me estreso y pierdo mi centro. Finalmente, después de la lección viene el agradecimiento, y desde ahí es posible crear nuevas posibilidades, ver todo desde una nueva perspectiva y comprender cómo cada cambio o nueva situación ha sido a mi favor y para mi  propio bien, incluso si en el momento requiere que salga por completo de mi zona de confort.
Mónica Elena Cárdenas Mejía – La Moccata, terapeuta Moon Mother®
lamoccata@gmail.com

Mi camino como Moon Mother: la magia de nuestra ciclicidad

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La fórmula “4 = 1”

¿Te has percatado de que no siempre eres la misma mujer? Y no me refiero a las ocasiones en que te pones un traje coqueto en Halloween, o a la mujer que eres durante el horario de trabajo, distinta muy probablemente de la mujer que llega a casa en la noche y se pone en sus trapos más cómodos; o a la mujer que eres mientras cuidas a los niños vs la mujer que sale a divertirse un rato con sus amigas. Me refiero a esas mujeres que eres, ciclo tras ciclo.

De pronto sucede que a lo largo del mes experimentamos emociones muy variadas y distintos niveles de energía, tanto física como emocional, mental y sexual. Hay días en que te sientes como la mujer maravilla que todo lo puede; otras veces te olvidas de ti y te enfocas en las necesidades de los demás, incluso los bebés te despiertan una sensación maternal; hay ocasiones en que te sientes tan sexualmente activa ¡que hasta te desconoces!; de pronto te sientes más sensible de lo normal y quieres mandar todo al… “infinito y más allá” (por no decir una barbarie), y otras veces simplemente quieres estar en cama con un chocolatito caliente. ¿Te suena familiar? Son las cuatro mujeres que habitan en ti, cada mes, según la fase del ciclo menstrual en la que te encuentres. Lo sé, ¡vaya trabajo personal que nos toca hacer para conocerlas a todas y aprender a convivir con ellas en amor y armonía!

@aliseanderson

 

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Ejercicio 5: “Cuerpo de mujer”

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Me gusta pensar que los espejos son ventanas a mundos lejanos, otras dimensiones desde donde una fracción de nosotros se asoma también, de vez en cuando, a vislumbrar lo que ocurre en esta parte del universo. Quizá más allá de la ficción el espejo es, sin duda, un acceso a nuestro propio mundo, nos refleja  cómo luce nuestro exterior y, en teoría, cómo se supone que nos ven los demás. ¿Pero es eso todo lo que muestra?

Solía pensar que cuando era niña nunca presté particular interés a mi aspecto, hasta que un día una prima me recordó que de pequeña me divertía combinando la ropa para ver cómo lucía. Por algunos años, al lado de la casa de mi papá hubo una pequeña tienda alojada en lo que alguna vez fue el hogar de una familia con influencias. Bajabas por unas pequeñas escaleras para llegar a un espacio que parecía sacado de un cuento de hadas, estaba lleno de muñecas, colores pasteles y crinolinas por todos lados, incluso recuerdo que los probadores daban la altura perfecta para que una niña se convirtiera en una princesa por unos instantes. Mi papá me compró en más de una ocasión un vestido en esta tienda. Tenían ese diseño que estaba de moda por aquel entonces: llegaban al tobillo, estaban cubiertos por capas de tela y holanes y daban la ilusión de que la portadora tenía la forma de un pastelito antropomorfo. Estos vestidos y en particular uno blanco de “Cenicienta” que me hizo mi abuela eran mi adoración.

Aparentemente era una niña muy femenina, aunque también me gustaba rodar por el jardín, ensuciarme las calcetas, jugar carreras con los Micro Machines, y estoy segura de que tenía la misma cantidad de figuras de dinosaurios que de muñecas. Y si había algo que realmente disfrutaba era sentarme al lado de mi papá en un enorme banco del que siempre colgaban mis pies, para que me bolearan los zapatos. Esto no se consideraba algo muy femenino, era un lujo más bien destinado a los hombres adultos, pero a mí me encantaba. A la fecha, si voy caminando sin prisa por la calle, y traigo unos zapatos que lo ameriten y me encuentro de pronto con un buen bolero en la esquina, me siento a revivir recuerdos.

No tengo muy claro a partir de qué edad comencé a renegar de mi feminidad, y entonces llegaron los pantalones de mezclilla, las botas estilo Safari, el cabello suelto y despeinado y un aspecto más bien masculino. Mi menarquía llegó a una edad muy temprana y odiaba que mis curvas femeninas sobresalieran. A los 9 y 10 años mis compañeras seguían teniendo cuerpos de niñas, mientras yo ya me contoneaba al caminar, y no por gusto, además de que mi complexión siempre fue más bien rellenita.

 

@emmadarvick, en Giphy

 

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Reflexión: Fluir como el agua

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Ilustración de Elesq

 

Fluir, fluir como el agua, dejarse llevar por las mareas que nos habitan. Dejar de resistirse a la calma y a las fuertes corrientes de nuestras aguas internas. Dejarse mecer y sacudir. Y en ese incesante vaivén, nadar, flotar o dejarse llevar a las profundidades, según sea necesario.

Fluir con nuestra naturaleza cíclica, con las necesidades del alma, con las estaciones del año, con el paso del tiempo.

Soltar el control, pues el timón de un barco sólo funciona cuando las velas se dejan impulsar por el viento, cuyo capricho está fuera de nuestro alcance.

Respirar, confiar, soltar, fluir… y entonces, tomar la acción que nos dicte la voz de nuestras entrañas: nadar, flotar o dejarse llevar a las profundidades.

-La Moccata

Reflexión “Muerte y Renacimiento” – Ciclicidad femenina

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El sagrado ciclo de muerte y renacimiento, de eso se trata la vida, toda la vida. Como mujer, tu cuerpo y tus energías te ayudan a experimentar este proceso de una manera más profunda cada mes, a través de tu ciclicidad natural.
Como aconseja Miranda Gray en su libro «Luna Roja», aprovecha la fase premenstrual para analizar qué hábitos o situaciones de tu vida necesitas cambiar o soltar; vive el duelo emocional de esas “pérdidas” durante la fase menstrual; aprovecha la fase postmenstrual para tomar las acciones que requieres para ver esos cambios; disfruta de la transición durante la fase ovulatoria.
La Moccata

Deja que la naturaleza fluya por ti y a través de ti

La #naturaleza tiene una manera única de sanar. Por alguna razón que deriva de nuestra propia condición cíclica la mujer suele tener una conexión muy profunda con la naturaleza. Está en nosotros sentir algo en las entrañas cuando nos encontramos frente al mar, ante la vista del horizonte, conversando con la luna, o simplemente tumbada en el pasto buscando siluetas en las nubes.

Este fin de semana busca un momento para salir de tu casa y reconectar contigo a través de la naturaleza. No tienes que hacer un largo viaje a un bosque o al mar (aunque claro, ¡eso sería buenísimo!), sal a caminar a tu parque favorito, quítate los zapatos y camina descalza, acuéstate bajo un árbol y mira la forma de sus ramas. Apaga el celular y quédate ahí, un largo rato, en silencio.

Deja que la naturaleza fluya por ti y a través de ti.

La Moccata

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