Danzar con los dioses en la oscuridad

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Arriba, abajo, pasado, futuro, vida, muerte,
masculino, femenino, orden, caos, luz, sombra.
Todo en este universo exterior e interior
está formado por dualidades.
 
Trabajar meramente con la luz
es apenas rozar la superficie,
es acaso beber una simple gota del vasto océano.
 
Sumergerte en la oscuridad,
rascarle a la sombra de nuestra polaridad,
ahí donde se gesta la vida,
ahí donde el ego y el alma
tiran los dados en un juego que no es al azar.
 
Ahí donde bailamos con los dioses
encontramos la espiritualidad en el día a día.
 
Adentro, muy adentro,
con o sin miedo,
sin pudor, sin censura.
 
Mónica Elena Cárdenas Mejía – La Moccata

¿Por qué “necesitamos” rituales y ceremonias

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Hace unas semanas alguien comentaba lo siguiente en alguna publicación acerca de la importancia de los rituales y ceremonias:

¿Por qué sería necesario más rituales y herramientas externas si somos seres completos? ¿Por qué llevar a la gente a depender de lo externo cuando en nuestro interno está todo?

Coincidí en ese punto con ella; sin embargo, también entendí que difería en lo siguiente:

Comprender ‘la verdad’ que ella (al igual que otros a lo largo de la Historia) compartió me llevó muchos años de autoobservacón y estudio, distintos libros, discursos, conferencias, cursos y capacitaciones; significó muchos encuentros con colegas y hermanos compartiendo nuestras vivencias y emociones en círculo; fueron desvelos y noches de cuestionamiento existencial; fueron los escritos en los que derramé la inspiración, pero también el miedo, la frustración y todo mi sentir; fue el alma gritando a través de enfermedades, lágrimas y somatizaciones; numerosos viajes y experiencias… y sí, también diversos rituales y ceremonias con los que me fui topando en el camino. Pues una vez que abres esa puerta llegan todo tipo de posibilidades.

No es que los rituales y ceremonias sean “necesarios”, es que, al menos para mí, son un complemento, meras herramientas que nos ayudan a asimilar e integrar nuestros procesos en el eterno camino hacia nuestra propia sanación, hacia el descubrimiento de nuestra propia medicina. Es aquello que está a la mano que te lleva a recordar quién eres, qué anhelas, cuál es tu llamado. Porque en realidad sólo necesitamos escuchar y recordar. Pero hay veces que el ruido es tan grande, tanto el del exterior como el que proviene de los ecos de nuestros miedos y paradigmas limitantes, que olvidamos incluso lo más sencillo y accesible: el silencio, la respiración, la presencia consciente, la pausa, el habitar nuestros cuerpos, el compartir de corazón a corazón.

Los rituales y ceremonias son acciones simbólicas que traemos para interactuar en el mundo tangible con todo lo sutil, todo lo profundo, todo lo sagrado, incluyendo nosotros mismos. Dice Miranda Gray:

Una acción simbólica es aquella que expresa una experiencia interna de vida, que puede manifestarse tanto como un deseo de producir un determinado efecto valiéndose de las energías, o bien como un despertar de la conciencia y la claridad interior; el acto de encender una vela, por ejemplo, puede servir para centrar las energías creativas en una plegaria, o también para expresar que la persona que la enciende es consciente de lo divino.

Al final, en este mundo de infinitas opciones uno siempre persigue y se encuentra con lo que resuena, una y otra vez. Los rituales nos ayudan a conectar y recordar lo que llevamos dentro, que es precisamente TODO. Basta con encender una vela.

Con amor, Mónica Elena Cárdenas Mejía – La Moccata

 
🙏 Mi respeto y agradecimiento a la persona que comentó que me llevó a esta reflexión.
 

Ejercicio 10: “La morsa que deseaba escribir con ingenio”

Ejercicio10

¿De dónde sacaste que ‘una morsa’ es una cobija?

—Me preguntó en ese momento mi esposo ante el regalo que le estaba presentando, —“así se llaman en mi familia, ha sido así por años y creo que lo seguirá siendo para las próximas generaciones”. Hay palabras que con sólo escucharlas nos transportan a un estado de ánimo, un recuerdo o instante específico. Esta es la historia de tres palabras que, desde niña, han sacudido mi mundo por el significado que encierran.

Una morsa sin colmillos

Todas las familias tienen una tradición particular, pienso que la mía tiene varias, pero hay una actividad que mi abuela me enseñó, mi madre aprendió, y yo seguramente la dejaré como legado si alguna vez tengo una hija: la confección de una MORSA. En mi familia, ‘una morsa’ es una cobija con tela de peluche por un lado y tela polar o acolchada por el otro, una cobija hecha por una mujer del clan. Creo recordar (aunque bien pudiera ser un recuerdo hecho de retazos, por lo que no estoy del todo segura de su veracidad), que la tela polar que mi abuela compraba para el lado acolchado se llamaba foca… de ahí que la cobija adoptara el nombre de morsa.

 

giphy.com

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Ejercicio 9: “Soñar que sueño despierta”

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El deseo es el esfuerzo de una posibilidad que quiere manifestarse.
– Gaby Vargas

Me parece que tenía unos cinco o seis años por aquel entonces, cuando mi respuesta a la típica pregunta de qué quería ser de grande era “cantante”. Me veía a mí misma con el cabello cobrizo y ondulado, en un entallado vestido rojo, cantando al ritmo del soul jazz frente a un escenario, mientras un hombre galante tocaba el piano a mi lado. Supongo que vi una escena similar en alguna película situada en el Hollywood de los cuarenta… o quizá me impresioné demasiado con el personaje de Jessica Rabbit, no lo sé.

Mis sueños o deseos no siempre se han mantenido estáticos, sino que han ido evolucionando conmigo. Desde cantante y actriz, pasando por paleontóloga e incluso abogada criminalista y cineasta, por mi mente pasaron muchas ideas acerca de lo que soñaba con ser de grande. Quizá nunca me imaginé que terminaría haciendo lo que hago hoy en día, aunque responde por completo al llamado que sentí desde pequeña, y que encontró su eco en distintas actividades hasta llegar a mi profesión actual. Me resulta muy curioso que permanezca en la búsqueda, después de haberme jactado por diez años de tener la total certeza de a qué me dedicaría y cómo recorrería mi camino; pero en un juego de azar los dados no siempre caen en el número esperado, pues presentan varias posibilidades, y es justo por eso que el juego resulta tan atractivo.

En este mundo de infinitas opciones uno siempre persigue y se encuentra con lo que resuena, una y otra vez, hasta que completamos la lección y toca avanzar de grado. Una colega compartía hace unos meses que venimos a este mundo a experimentar una emoción o vivencia específica, y mientras el ciclo permanezca incompleto iremos danzando de una vida a otra, de una situación a otra, hasta que el alma haya completado su misión inicial. Quizá en ello radican los deseos, anhelos y sueños que perseguimos.

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Cuando las energías se contradicen

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Aunque estamos en pleno otoño y el poder de la hechicera con sus límites, pausa y sensualidad se siente con ganas, la luna creciente nos invita a ir hacia afuera. Estas dos fuerzas, contradictorias, pueden generar frustración; por momentos con todas las ganas y el enfoque para emprender acciones, pero, paradójicamente, con cansancio o ganas de bajar el ritmo. Continúa lloviendo, ya empieza a bajar la temperatura y las gripas son muy comunes en este cambio de estación. Todo eso nos lleva a ir más lento, pero al mismo tiempo la luna en el cielo se abre y nuestra luna interior en postmenstrual quiere tomar acción.

¿Por qué no aprovechar ambas energías?  Muévete, toma las acciones que consideres necesarias para cosechar aquello que sembraste en luna nueva: riega las semillas, abona el terreno, cuídalo de los insectos o depredadores, construye un espantapájaros. Tu doncella quiere salir a bailar,  cazar y poner su enfoque en distintas cosas, pero hazlo desde la sabiduría de tu hechicera, que elige sus prioridades para no acelerarse ni excederse, que pone sus límites y que, definitivamente, no pide permiso porque tiene muy claro lo que quiere y necesita. 

La Moccata, terapeuta Moon Mother®