El proceso creativo

Conectar con el gozo, con la inspiración, con la voz que resuena desde adentro y que exige salir de pronto, con fuerza, como las burbujas contenidas en el agua hirviendo que de pronto explotan en la superficie.
 
El proceso creativo no se diferencia mucho del juego de un niño. Ambos surgen en momentos en los que sólo existe un auténtico deseo de expresarse y de disfrutar. A veces quema, a veces incluso duele un poco cuando no encuentra salida, o mientras se abre camino… pero, cuando cobra vida y se plasma en el exterior, metamorfoseándose con la forma, con el espacio, con la vida… entonces se sacia el hambre del espíritu, hasta que el artista necesita comer de nuevo.
El hambre nunca termina, sólo se contiene por momentos.
 
La Moccata
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“Hemos olvidado cantar por gusto”

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¿Por qué nos sorprende tanto cuando escuchamos a la gente cantar en la calle por gusto? Hace un par de días salí a hacer varios mandados, y como la verdad andaba de buen humor estuve canturreando y tarareando mientras iba de un pendiente a otro. Noté que muchas personas me miraban extrañadas; a algunas les saqué una que otra sonrisa, mientras que otras me veían como si fuera un bicho raro. Y cuando fui por un café el chico que me atendió me preguntó “¿estás enamorada verdad?”, a lo que contesté:
 
Estoy de buen humor y es un buen día
 
No debería de asombrarnos, no debería de ser algo ‘fuera de lo ordinario’. Creo que si nos extraña un poco es porque hemos olvidado cantar por gusto, y la importancia que este sencillo acto tiene para nuestra alma.
 
Cantar por disfrute; cantar para aliviar el dolor; cantar para acompañar una ceremonia, un rezo, una celebración; cantar para despedir a nuestros muertos; ¡cantar porque nos da la gana!; cantar para platicar con Dios/Diosa/ Gran Espíritu/ Pachamama/ Universo, o como quieras llamarle.
 
Cantar es expresarnos, es darle una voz y un sonido a las emociones y sensaciones que experimentamos, es ¡honrar nuestra alma y darle un lugar en el mundo físico!
 
De chica cantaba mucho más que ahora, todo el tiempo, incluso llegaron a llamarme la atención en la primaria, porque “no era un lugar para cantar”.
 
Yo digo que necesitamos reconectar con el gusto del canto, independientemente de si cantamos o no “bonito”. Al final y al cabo, siempre tendremos la regadera para sacar al Pavaroti o Fredy mercury que llevamos dentro 😁
 
Tú, ¿cuándo fue la última vez que cantaste con gusto y sin pena?
 
Con amor,
La Moccata, cantando a pulmón incluso en mi post-operatorio 🎤🎼.

“Escucho historias de amor… gratis”

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Me topé con una foto en el muro de Ana Romero, quien a su vez la compartió de alguien más. La foto mostraba a un joven hablándole a un señor mayor en la calle. El señor tenía un letrero donde se leía:

Escucho historias de amor… gratis

Me pareció sumamente conmovedora: él, prestando su tiempo y atención para escuchar a alguien más narrarle su historia de amor.

Me pongo a pensar ¿qué tanto hemos perdido esta capacidad de escucha y atención? ¿Qué tanto hemos perdido el gozo de estar para alguien más?

Hace poco platicaba con una amiga de cómo, cuando era más joven, mucha gente solía acercarse o sentarse a mi lado para contarme su historia. Me pasaba sobre todo en el camión y en el avión. Me pasaba aunque era una adolescente y la gente me abría su corazón sin conocerme. Luego llegaron los “reproductores musicales portátiles” (esos que ya ni existen porque fueron reemplazados por el celular), y entonces comencé a cubrir las orejas (y la mente/corazón) con música, para poder tener “un momento para mí”.

Reconozco que de pronto era cansado, escuchar todas esas historias, sobre todo porque pienso que soy de esas personas empáticas y sensibles… pero era un intercambio de experiencias.

Esa imagen no debería de sorprenderme, pero lo hace, porque en el fondo reconozco que, al menos yo, he perdido un poco esa capacidad de estar presente. La he perdido porque es muy fácil que la mente se ponga a danzar en miles de pensamientos en lugar de escuchar. Ahora me tengo que “concentrar”. Y lo noto cuando:

  • “Hablo” con alguien por teléfono mientras sigo trabajando en la computadora.
  • “Escucho” a la persona a mi lado mientras mando un mensaje por el celular.
  • Olvido al poco tiempo lo que alguien más me compartió.
  • Tengo la mirada perdida mientras alguien me expone su corazón.

¡Y así muchos otros ejemplos! No sucede siempre, pero definitivamente sucede.

Así que quizá sea tiempo de volver a estar más para los demás, pues en realidad no hay nada tan íntimo como compartir tu tiempo y presencia. Es tiempo de quitarme los audífonos para “realmente estar y escuchar”.

– La Moccata